mayo 25, 2026
LUCHA DE CLASES

 “El motor de la historia

es la lucha de clases”

Carlos Marx

Por Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra y

Dr. Pedro Gonzáles Castro

Señalar que los gobiernos no deben evocar el pasado y deben dar soluciones inmediatas a los problemas actuales, es como considerar que la historia no sirve para entender el presente. Si bien es cierto que durante el siglo veinte algunos seudo marxista y posestructuralistas se inclinaron a considerar la historia como lineal y teleológica, positivista y mecanicista, resulta claro que algunos seudo intelectuales así lo conciben y lo defienden como consigna preelectoral.

Ante un panorama en que la corrupción de la oligarquía ha salido a la luz es obvio que políticamente utilizarán todos los recursos posibles para culpar a otros de las desgracias en que el neoliberalismo ha sumido a nuestro país. Si en política resulta fácil culpar a otros de las desgracias, a muchos les resulta atractivo el blofear para obligar al adversario a correr a gran velocidad, en un auto averiado, descompuesto en varias de sus piezas, no solo de su motor, sino incluso hasta de su carrocería.

Con la mayor frialdad y bajo el mayor cinismo, nuestro país fue desmantelado en muchos de sus frentes. La corrupción fue considerada como parte de los usos y costumbres en nuestro país[1], el mismo Peña llegó a afirmar que la corrupción es cultura[2]. De acuerdo con Guillermo Sheridan (2014)[3], Stephen Morris en su libro “Corrupción y política en el México contemporáneo”, ya había hecho un abordaje del tema en pleno salinato.

Indudablemente, ante un panorama tan asimilado como este, quien piense, crea o asegure que la llegada de una administración distinta transformará al país como por arte de magia, o es un ingenuo, un ignorante o un mal intencionado. Los cambios reales, los de fondo, son cambios estructurales, objetivos, pero también implican cambios personales, subjetivos; cambios de voluntad.

No es posible hablar de una verdadera transformación, si solo pensamos que la llegada “de un loco, mesiánico o autoritario líder” que asume “el poder” cambiará todo como por obra de magia. Ya que este poder no se concentra en la administración central. Los enemigos o adversarios permanentes no cambian por mudanzas de gobierno, mantienen su poder; un poder que partiendo de una relación social se encuentra diseminado por toda la estructura política, económica y cultural de nuestro país.

Evocar el pasado, es tener presente los hechos históricos para entender los sucesos presentes y, desde luego, eso no le conviene a los grupos de poder. Ello, mantiene en la conciencia social la vigencia de la lucha clases, pues esta no es un concepto o una categoría que pertenece al “basurero de la historia”, no es tampoco una reliquia de aparador. Tampoco es un dogma del marxismo clásico, es una relación que subsiste, aunque queramos “pintarla de colores distintos al rojo”. No se trata de gustos, deseos o visiones teóricas, sino de una realidad que se niega a morir, a pesar del llamado “fin de la historia”.

En este sentido, es importante tener presente que el marxismo no implica una relación mecánica entre la economía y la política, no hay un solo texto político de Marx que diga que los procesos políticos se explican como efectos inmediatos de la estructura económica, no hay ninguno que diga que los fenómenos políticos, sociales o culturales no tienen importancia en la historia y ello se deriva de que la lucha está presente en todos los espacios.

Sin embargo, esto no le interesa a la oligarquía y envuelta en su afán de poder utiliza todos los medios a su disposición para demeritar los logros de la 4 T, destilando su odio y su irracional animadversión a través de la más burda mofa. Convierten el debate en alegato y la discusión en “diálogo de sordos”, que para nada ayudan a un país dividido, a un país con una cohesión social destruida por la violencia, el egoísmo, el crimen organizado, los cacicazgos, los caudillismos, la falta de solidaridad, de cooperación, de ayuda humana, por la falta de ética o moral.

Así entonces, aunque la lucha de clases adquiera diversos matices, no se puede hablar de su desaparición pues su historia se teje día a día; es una sucesión de diferentes generaciones.

[1] Así lo afirmaba Valentín Diez Morodo, del grupo Modelo, en 1918. https://www.eluniversal.com.mx/cartera/economia/corrupcion-un-uso-y-costumbre-de-la-politica-valentin-diez

[2] https://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-corrupcion-uso-y-costumbre

[3] Idem

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