ANTAGONISMOS E INERCIAS
“Cuando pienso sobre “la
derecha” pienso en terrorismo”
Kurt Cobain
Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y
Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra
La crisis neoliberal necesitaba solo un respiro y, al parecer, la pandemia fue su balsa de náufrago. Ya en su momento, Milton Friedman afirmó que “Solo una crisis real, o percibida como tal, produce un auténtico cambio”, dejando a los sujetos en total indefensión. Los conservadores no desperdician la tragedia, ni ocasión alguna, a su favor.
Por motivos de salud pública hubo la necesidad de un distanciamiento físico al que los grupos de derecha, sin esfuerzo alguno, solo agregaron la infodemia como estrategia psicología de desorientación, lo que desde luego se reflejó en una disminución de la capacidad de resistencia de las masas, siendo presas fáciles para los grupos fascistoides quienes no vacilaron para seguir instrumentando sus políticas de desastre.
México, un país que durante mucho tiempo ha sido blanco de saqueos, está viviendo un momento histórico, ha comenzado una etapa de transformación en donde los privilegios que gozaban los grupos oligárquicos se están acabando y es allí donde nace el descontento. La extrema derecha, a nivel internacional, se está reorganizando.
En Europa, la extrema derecha populista empieza a movilizar a mucha gente. Ya tienen presencia en España, Hungría, Italia, Francia, Alemania, Finlandia y Suecia. Mientras tanto, a partir de 2019, en Latinoamérica la derecha ha recuperado espacios en Guatemala, Honduras, Colombia, Perú, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y Paraguay. Ante este panorama, resulta obvio que para el neoconservadurismo “MORENA” es una incomodidad, por ello han recurrido a la llamada “Guerra suave”.
De sobra es sabido que desde la década de los 40s la CIA ha sido artífice de los golpes de estado en Latinoamérica y no se puede descartar su participación en el golpeteo político que recientemente se está dando en contra del titular del ejecutivo de México. Golpes blandos, guerra no convencional y operaciones psicológicas son parte de las estrategias de la derecha internacional para derrocar gobiernos que les resultan “incomodos”. De acuerdo con el filósofo Gene Sharp, la estrategia se puede ejecutar en cinco etapas:
- Promover acciones no violentas para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad: denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.
- Desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder.
- Lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas.
- Ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de «ingobernabilidad».
- Forzar la renuncia del presidente en turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.
El neoliberalismo nacional, siguiendo a “pie juntillas” estas cinco estrategias, de sobra probadas en otros países, se ha dado a la tarea de crear escenarios ficticios alimentándolos poco apoco hasta que el imaginario social los acepta como verdaderos y, desde luego, es difícil no caer en la trampa ya que es algo parecido al ejemplo del niño que hace berrinche en público sin que sus progenitores puedan hacer algo sin estar exentos de la moldeada “opinión pública”. Y ante tal indefensión, en ese momento, cualquier acción que realicemos solo validará esa teatralidad.
Ya lo dice un refrán popular: “Si da el cántaro en la piedra, mal para el cántaro; y si la piedra da en el cántaro, mal para el cántaro”. Por ello, lo recomendable es la prudencia. Perdernos en actividades contestatarias solo desgasta y eso es lo que buscan. Es claro que los intereses irreconciliables de los grupos de derecha generan contradicciones antagónicas que solo tienen soluciones históricas.
En momentos de crisis, la historia nos señala el camino y a ello tienen miedo los grupos conservadores. Por ello, se empeñan en abonar a la infodemia, en crear una torre de Babel. Saben que la dialogicidad da poder a las masas. Por ello, dejemos de ser reproductores de larvas enajenantes y cuestionemos cada uno de nuestros conocimientos y nuestra forma de percibir las cosas, reconstruyamos nuestro andamiaje político y cultural hasta apropiarnos de ellos. Esto es una revolución y ya estamos encaminados.
Haciendo, andamos; nunca se terminan los senderos para aquellos que siguen caminando.
