julio 15, 2026

El agua tiene memoria: las inundaciones de Tepic y las lecciones que la ciudad olvidó

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INUNDA

Por Sergio Mejía Cano | Tu Revista Perfiles

Las intensas lluvias que azotaron Tepic el pasado fin de semana volvieron a poner sobre la mesa una realidad que se repite año con año: frente a una tormenta extraordinaria, poco puede hacer el ser humano para detener la fuerza de la naturaleza. Sin embargo, también es cierto que muchas de las consecuencias que hoy padecen los ciudadanos tienen una explicación que va más allá del volumen de agua que cae del cielo.

Cuando la lluvia cae «parejo»

Tras la tormenta, no faltaron las voces que, con ironía, recordaron aquella expresión muy nayarita de «que llueva parejo». Y, en esta ocasión, prácticamente ocurrió así.

Colonias que históricamente se inundan volvieron a sufrir severos encharcamientos, pero también aparecieron zonas donde nunca antes se habían registrado afectaciones de esa magnitud. Decenas de familias perdieron muebles, electrodomésticos y parte de su patrimonio.

Las críticas hacia las autoridades fueron inmediatas. Sin embargo, atribuir toda la responsabilidad a una administración resulta una explicación simplista frente a un problema que lleva décadas gestándose.

Una ciudad que creció sobre el agua

El crecimiento urbano de Tepic ha sido señalado durante años como desordenado. El relleno de antiguos cauces, la urbanización de humedales, la ocupación de zonas naturales de escurrimiento e incluso las modificaciones realizadas al cauce del río Mololoa forman parte de un proceso que alteró el comportamiento natural del agua.

Cada temporada de lluvias confirma que el líquido sigue buscando los caminos que durante siglos utilizó para desplazarse hacia el río.

El Mololoa sigue marcando el rumbo

La topografía de Tepic explica buena parte del fenómeno.

Las calles que descienden de poniente a oriente funcionan como verdaderos canales durante una tormenta intensa, conduciendo el agua hacia el río Mololoa. Lo mismo ocurre con vialidades cuyo desnivel desemboca directamente en ese afluente.

Aunque con el paso de los años se ampliaron alcantarillas y sistemas de desfogue, la infraestructura sigue siendo insuficiente cuando se presentan precipitaciones extraordinarias.

«El agua tiene memoria»

Sergio Mejía Cano recupera una anécdota de principios de la década de 1980, cuando una vecina de la antigua estación del ferrocarril, doña Emérita, le explicó por qué esa zona siempre terminaba bajo el agua.

Su padre había llegado al lugar en la década de 1920 y le contaba que lo que hoy es la calle Jesús García fue durante muchos años el cauce natural del arroyo de Menchaca.

También recordaba que la actual calle Morelos, en la colonia Heriberto Casas, era otro arroyo natural que descendía desde El Rodeo hasta desembocar en el Mololoa.

La explicación de doña Emérita era sencilla, pero contundente:

«El agua tiene memoria».

Una frase que resume mejor que cualquier estudio técnico por qué, pese al crecimiento de la ciudad, la naturaleza insiste en recuperar los caminos que alguna vez le pertenecieron.

🧭 LECTURA POLÍTICA

Las lluvias extraordinarias suelen convertirse en motivo de confrontación política. Sin embargo, el problema de las inundaciones en Tepic rebasa cualquier administración en particular. La expansión urbana sin una adecuada planeación y la ocupación de antiguos cauces son decisiones acumuladas durante décadas que hoy siguen cobrando factura.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

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