julio 9, 2026

Lo sintético desplazó la calidad: cuando el plástico sustituyó a los productos naturales

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ZAPATOS SINTÉTICOS

Por Sergio Mejía Cano

Sumario — El avance de los materiales sintéticos transformó industrias enteras, desplazó oficios tradicionales y cambió los hábitos de consumo; el caso del calzado es uno de los ejemplos más claros de cómo el bajo costo terminó imponiéndose sobre la calidad y la durabilidad.

En el portal de La Jornada, este pasado 7 de julio del año en curso, apareció un reportaje firmado por María Ximena Pérez con el encabezado: «Desplaza calzado importado a bajo precio al fabricado de manera artesanal en la CDMX», en el que se documentan los problemas que enfrenta una familia dedicada a la elaboración de calzado, obligada a competir en un mercado dominado por materiales sintéticos y productos de bajo costo.

El artesano entrevistado señala, entre otras cosas, que el monopolio del mercado brasileño ofrece todo tipo de calzado a precios muy bajos, mientras que el calzado chino, elaborado principalmente con materiales sintéticos, ha desplazado la producción de piel. Añade una frase que desde hace tiempo resume la realidad del gremio: «el sintético, de plástico, vino a ponerle en toda la torre al zapatero».

El ocaso de una industria

Y es una realidad conocida desde hace décadas. La importación de calzado, sobre todo proveniente de China, acabó con numerosas fábricas y talleres donde se elaboraban zapatos de piel y suela de baqueta, especialmente en Guadalajara, Jalisco, ciudad que durante muchos años destacó por su enorme producción de calzado femenino.

Era común encontrar anuncios solicitando personal femenino y masculino para labores de forrado, acabados, elaboración de tacones y tapas, así como para distintas etapas de la fabricación del calzado.

Todavía a mediados de la década de los ochenta predominaban en la Perla Tapatía grandes centros zapateros. La calle Esteban Alatorre, en el entonces Sector Libertad, cerca del Parque Morelos, albergaba varias cuadras repletas de fábricas y zapaterías de todos los tamaños.

Pero la empresa que alcanzó mayor auge desde los años sesenta fue Calzado Canadá, cuyo crecimiento fue tal que incluso instaló su propio jardín de la industria del calzado sobre la avenida Doctor R. Michel, frente al parque González Gallo, en el entonces Sector Reforma. Durante varios años fue una fábrica que dio empleo a miles de trabajadores.

La competencia imposible

Todo comenzó a cambiar con la llegada masiva del calzado importado, principalmente desde China. Desde principios de los años noventa esos productos llegaron al mercado mexicano con precios extraordinariamente bajos, imposibles de igualar para los fabricantes nacionales.

Mientras las empresas mexicanas seguían trabajando con piel, cuero y suelas de baqueta, los productos sintéticos reducían considerablemente sus costos de producción. La competencia terminó siendo desigual, provocando el cierre de numerosas fábricas y talleres.

León también resintió el golpe

La afectación no fue exclusiva de Jalisco. También el gran emporio zapatero de León, Guanajuato, sufrió severamente las consecuencias.

Durante muchos años León fue sinónimo de calzado de calidad. Sus industrias demandaban constantemente piel, cuero y baqueta para fabricar zapatos y, sobre todo, botas que alcanzaron prestigio nacional e internacional. Incluso el entonces presidente Vicente Fox Quesada solía presumirlas durante sus giras al extranjero.

Sin embargo, la creciente importación de calzado extranjero redujo significativamente la demanda de esos productos, situación que también impactó a quienes abastecían las materias primas para su fabricación.

Lo barato termina siendo desechable

Actualmente resulta cada vez más difícil encontrar calzado elaborado con piel auténtica y suela de baqueta. Aunque todavía existe, la mayor parte de la oferta comercial corresponde a zapatos sintéticos con suela inyectada y ya no cosida.

Ese tipo de calzado prácticamente se vuelve desechable. Si llega a romperse la unión entre el corte y la suela, difícilmente tiene reparación. Además, muchos productos se anuncian como si fueran de piel cuando en realidad utilizan materiales sintéticos que imitan con notable precisión la apariencia del cuero natural.

La sustitución de lo natural

Pero el fenómeno no se limita al calzado. Los materiales sintéticos han sustituido una enorme cantidad de productos que utilizamos diariamente, desde telas hasta diversos componentes empleados en medicamentos.

En el caso específico del calzado, los avances tecnológicos han permitido fabricar pieles sintéticas cuya apariencia hace muy difícil distinguirlas de una piel natural, incluso para muchos consumidores experimentados.

Recuerdo que a principios de los años setenta conocí a un joven cuya familia, desde generaciones atrás, se dedicaba a fabricar calzado artesanal. Cuando solicitó empleo en Calzado Canadá, durante el examen de admisión le colocaron frente a él tres tiras de supuesto cuero y le pidieron identificar cuál era la piel más fina.

Su respuesta fue inmediata:

—Ninguna de las tres es piel.

Sea pues.

Vale.

🔎 ANÁLISIS DE CONTEXTO

La columna retrata un cambio económico y cultural que marcó a la industria mexicana desde la apertura comercial de finales del siglo XX. Más allá del calzado, Sergio Mejía Cano plantea una reflexión sobre cómo la sustitución de materiales naturales por sintéticos modificó la producción, el empleo y la cultura del consumo. La búsqueda de precios bajos terminó desplazando oficios especializados, afectando cadenas productivas completas y promoviendo una lógica donde la durabilidad dejó de ser un atributo prioritario frente al costo inmediato.

En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

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