abril 25, 2026

Todo lo que rueda sobre rieles puede descarrilar

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Sumario: La tragedia ferroviaria ocurrida en Córdoba, España, reaviva recuerdos, ironías políticas y una memoria histórica que México conoce bien: los trenes, desde su origen, han estado expuestos al error humano, la falla técnica, el sabotaje y la fatalidad.

Por Sergio Mejía Cano

La tragedia que despierta ironías y memoria

El infortunado accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, España, el pasado domingo 18 de enero, ha provocado no solo consternación internacional, sino también reacciones irónicas en redes sociales. Algunas voces, desde el sarcasmo, llegaron incluso a sugerir que ojalá no se responsabilice del hecho a la Cuarta Transformación (4T), en un reflejo de cómo la tragedia suele convertirse rápidamente en munición política.

Según los reportes iniciales, uno de los trenes se descarriló y se desvió hacia una vía adyacente, impactando a otro convoy que circulaba en sentido contrario. El saldo preliminar habla de alrededor de 40 personas fallecidas y decenas de heridos, cifras que por sí solas exigen respeto y prudencia.

De España a México: los rieles también guardan memoria

Este accidente, sumado a otros ocurridos en distintas partes del mundo —y, desde luego, en México—, reavivó entre grupos de extrabajadores ferroviarios el recuerdo de múltiples siniestros, tanto de trenes de carga como de pasajeros.

Entre ellos, se trae a la conversación el descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, episodio que detractores de la 4T han insistido en atribuir a responsabilidades políticas, incluso señalando a Gonzalo López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, por su presunta vinculación con la logística de rehabilitación de la línea del Istmo de Tehuantepec.

Accidentes ferroviarios: una constante histórica

Los accidentes de tren en México no son nuevos. Se remontan a los tiempos de Porfirio Díaz, pasando por descarrilamientos, choques y daños ocasionados durante la Revolución Mexicana.

Las causas han sido múltiples y conocidas:

  • Malas condiciones de las vías férreas.
  • Fallas en sistemas de rodamiento o locomotoras.
  • Rieles quebrados, volteados o mal asegurados.

Pero también, en no pocos casos, se ha documentado la intervención criminal: rieles aflojados, durmientes retirados, agujas abiertas deliberadamente, obstáculos colocados sobre la vía.

Cuando la naturaleza decide

A estos factores se suman las causas fortuitas: deslaves, derrumbes y corrientes de agua que socavan terraplenes o puentes incapaces de resistir la fuerza de las riadas. En estos casos, la tragedia ocurre sin advertencia ni culpables evidentes.

Nayarit: dos heridas que no se cierran

En el estado de Nayarit, la memoria ferroviaria reciente conserva dos accidentes de trenes de pasajeros que marcaron profundamente a trabajadores, familias y comunidades.

El primero ocurrió el 11 de julio de 1982, entre las estaciones de Pani y Roseta, cuando el tren número 2 con dirección al sur se descarriló debido a la vía aguachinada por intensas lluvias. La tragedia se agravó por la fragilidad de los coches de fabricación japonesa, que al impactar se desintegraron, convirtiendo ventanas y estructuras en verdaderas guillotinas. En contraste, un coche estadounidense de 80 toneladas permaneció prácticamente intacto.

El segundo sucedió el 3 de mayo de 1989, cuando un tren especial contratado por el Club Rotario de Guadalajara rumbo a Mazatlán descarriló entre Corte y Roseta. La causa fue una falla mecánica en la locomotora que dejó sin presión el sistema de frenos en una pendiente pronunciada. El tren tomó velocidad y volcó en una curva cerrada, con consecuencias fatales.

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