abril 25, 2026

Dirección y manejo de trenes: por qué conductor y maquinista no son lo mismo

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ELTREN

Sumario: A partir de la analogía histórica entre diligencias, carruajes y el ferrocarril moderno, este texto explica las diferencias técnicas y de responsabilidad entre el conductor y el maquinista de un tren, y cuestiona el papel del conductor en el reciente descarrilamiento del tren interoceánico en Oaxaca.

Por Sergio Mejía Cano

Cuando el tren heredó las riendas del pasado

En una entrega anterior se explicó que los puestos de conductor y maquinista a bordo de un tren son funciones distintas. Sin embargo, ante la confusión persistente —alimentada por la imagen contemporánea de trenes ligeros, metro o camiones urbanos operados por una sola persona— resulta necesario profundizar en el origen y la lógica de estas diferencias.

En los trenes de carga y de pasajeros, cuando eran ampliamente utilizados en México, existían dos figuras clave: el maquinista, encargado de operar la locomotora, y el conductor, responsable del control integral del tren. Esta división no es casual ni moderna: proviene del modelo de transporte previo al ferrocarril.

De diligencias y caballos de hierro

En el llamado Viejo Oeste —bien documentado en películas y series— el transporte colectivo se realizaba mediante diligencias tiradas por caballos. En ellas había una persona que llevaba las riendas (el conductor) y, en ocasiones, un escolta armado.

Cuando el ferrocarril sustituyó a las diligencias, el tren fue concebido como un “caballo de hierro”, y su operación tomó como referencia la lógica del manejo de carruajes. La locomotora sustituyó al animal; el maquinista simbolizó la fuerza motriz; y el conductor conservó el papel de quien “lleva las riendas”.

Las locomotoras, al no tener voluntad propia como los equinos, requirieron de un sistema jerárquico: el maquinista ejecuta, pero el conductor ordena y supervisa.

Quién controla realmente la velocidad

Así como en una diligencia el conductor corregía a los caballos mediante las riendas, en el tren moderno el conductor vigila que se respeten los límites de velocidad por tramo. Si el maquinista excede lo permitido, el conductor tiene la facultad —y la obligación— de indicarle que reduzca la velocidad.

Y si la orden no es acatada, existe un recurso extremo: “tirar el aire”, es decir, accionar el sistema de frenos de emergencia. Viejos instructores ferroviarios solían explicarlo con una analogía cruda pero clara: si un caballo se desbocaba y no respondía a las riendas, el conductor podía incluso abatirlo para evitar una tragedia. En el tren, ese “disparo” es el aire de emergencia.

Cabe señalar que estas válvulas no solo están en la locomotora, sino también en los extremos de los coches de pasajeros, precisamente para garantizar el control del convoy completo.

Las señales también vienen del pasado

Las señales ferroviarias reglamentarias tienen su origen en la conducción de diligencias:

  • Avanzar equivale al latigazo para iniciar la marcha.
  • Detenerse reproduce el jalón firme de las riendas.
  • Reducir velocidad imita el movimiento suave y alternado de las riendas para calmar al caballo.

Incluso el término “caballos de fuerza” proviene de este pasado. Fue acuñado en 1782 por James Watt, quien comparó la potencia de sus máquinas de vapor con la fuerza de los caballos de tiro, estableciendo que uno podía levantar 330 libras a 100 pies por minuto.

La pregunta incómoda

Con este contexto histórico y técnico, muchos ferroviarios se preguntan por qué, en el descarrilamiento del tren interoceánico en Oaxaca, el conductor no ordenó reducir la velocidad o no activó el freno de emergencia, si el peritaje señala que el tren circulaba por encima de lo permitido.

No es una duda menor. Es una pregunta que apunta directamente a la cadena de responsabilidades, más allá del discurso simplista que intenta concentrar toda la culpa en una sola figura operativa.

Sea pues. Vale.

🧭 LECTURA POLÍTICA

En los accidentes ferroviarios, la narrativa oficial suele buscar responsables individuales para evitar cuestionar fallas estructurales. La omisión del papel del conductor en el relato público del descarrilamiento revela una tendencia a simplificar la técnica para proteger decisiones administrativas y de supervisión.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

 

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