De chile, mole y pozole
“El cómplice del crimen de la corrupción
es generalmente nuestra propia
indiferencia”
Bess Myerson
Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y
Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra
Desde el descubrimiento del potencial que albergaba en su seno la acción sistemática y reiterada de los “mass media” sobre la opinión pública a fin de canalizar actitudes y opiniones, la oligarquía internacional y local ha utilizado todos los recursos a su alcance, a costa de sacrificar el bien común, con el único fin de mantener sus privilegios.
Para ello, por mucho tiempo adaptó leyes y políticas como parte de maquinaria inquisitoria encargada de imponer una forma de vida donde la libertad política fuera solo una idea perdida en el horizonte y no un hecho posible, real y palpable. Así también, para atraer a las masas, utilizó partidos y creo organizaciones corporativas para no dar margen a la dispersión y de esta manera poder controlar cualquier voz en contra.
No importando los medios para logar sus fines, el neoliberalismo apuñaló una y otra vez la moral del pueblo haciendo creer que la corrupción era parte de la cultura de nuestro México. Cual jeringa hipodérmica penetraron e inocularon nuestras mentes con su propaganda, calificándonos de supersticiosos e ignorantes; se erigieron como pontífices ante la “divina salvación” venida de Europa.
Nos despolitizaron al grado de vendernos la idea de que las multitudes toman resoluciones absurdas y anárquicas. Nos repitieron una y otra vez que la política nada tiene que ver con la moral, que un gobierno que toma por guía la moral no es político, y en consecuencia es débil, que la franqueza y honradez son signos de debilidad y, por ello, hoy hacen mofa de la propuesta del ejecutivo federal de recuperar, a través de la “Guía Ética para la transformación de México”, nuestros valores morales y culturales.
Cincelaron en el imaginario social que la pobreza era nuestra realidad en la tierra y que un día tendríamos, a cambio, la felicidad eterna; desde luego no en este mundo. Por ello, cualquier pretensión de mejora en el salario solo podría ser por la bondad de los “patrones”, cuyas ideas parece que no han evolucionado desde el siglo XIX, cuando de forma simplista decían “así funciona la sociedad”.
Con el auge de los regímenes totalitarios en el siglo XX, la propaganda no solo comienza a ser utilizada para la difusión a una audiencia masiva de diferentes mensajes ideológicos, sino también para limitar el tipo y forma de la “información”. Se institucionaliza la posverdad en todo su esplendor y ensalzan el protagonismo de la clase del poder a la vez que ocultan entre sombras el ejercicio discrecional del poder.
Durante el periodo neoliberal, afanosamente se dieron a la tarea de destruir el equilibrio constitucional desgastándolo mediante la imposición de gobernantes que solo se dedicaron a despilfarrar el erario ejerciendo un poder sin control. Armaron partidos a modo para convertir a los estados en circos romanos, en lugares donde el desorden y la ambición desmedida los llevo a al endeudamiento discrecional, encubierto no solo por charlatanes que transformaron las cámaras y asamblea en burdos torneos de vacía retórica, sino también por seudo periodistas y panfletistas faltos de vergüenza que hoy se dan a la tarea de atacar indiscriminadamente a todo aquel que simpatice con la 4T.
Diez gobernadores autodesignados como “Alianza federalista”, desentendidos de su funciones y responsabilidades, de manera sínica y descarada exigen, al mandatario federal, resultados de lo mismo que son corresponsables. En vez de fomentar un trabajo en coincidencias, de forma ostentosa celebran reuniones palaciegas con la única finalidad de llenar de piedras el camino de la democracia.
Al igual que en “La isla de los hombres solos”, donde el coronel Venancio Salvatierra se autoproclama presidente, en el reino de agavero el gobernador, aferrado a sus locos sueños, trata de ocultar la falta de atención a los problemas de inseguridad, la creciente congestión vial, el repunte de la violencia, el incremento en el número de desaparecidos y de ejecutados, la rebasada capacidad del Semefo, el ineficiente servicio de transporte urbano, los problemas financieros del tren eléctrico urbano, el incremento en los casos de COVID, entre tantos otros. Total, que el jefe del ejecutivo estatal, ni reactiva la economía ni nos devuelve la seguridad.
Indudablemente que, en los estados y por ende en el país, se vive una serie de problemas producto de una deficiente administración de los gobernantes en turno y de un erróneo entendimiento del ejercicio de la política. Debemos de entender que la lucha política no puede reducirse al ámbito electoral, por lo que, para generar una economía más justa debemos trascender la democracia liberal e ir generando espacios para una democracia participativa que tenga en cuenta los nuevos fenómenos sociales que se presentan.
Hoy la lucha es multicultural, poli clasista y global, por tanto, demanda de una sólida formación teórica y de una praxis internacional. Ya emprendimos el camino y no hay vuelta “pa´tras”.

La democracia participativa y la política ética y moral es la respuesta contra el NEOLIBERALISMO.