abril 16, 2026
Luis arte

“La causa del teatro es

la causa de lo humano.”

-Luis de Tavira.

Luis Alberto Bravo Mora

El pasado viernes 23 del presente, asistí al Teatro “Fernando Soler”, del centro teatral “Manolo Fábregas”, en la hoy CDMX, para presenciar una puesta en escena: “El padre”, de Florian Zeller, y protagonizada por Fernanda Castillo, actriz a la cual tenía muchos años ya queriendo conocer, y obvio, verla en escena, así como al maestro, mi maestro Luis de Tavira, a quien moría de ganas por verlo actuar (en teatro).  Bueno, pues el pasado viernes, pude lograr las dos cosas, y viajé junto con mi familia solo con ese propósito, de disfrutar de dicha producción en compañía de mi ‘clan’, y, ¿sabe usted qué?, valió cada maldito centavo invertido en ello.

Lo que pude presenciar fue una experiencia para toda la vida, y no solo para mí, sino para todos en mi familia.

En el 2020 pude ver en el cine la película: “El padre”, protagonizada por Sir. Anthony Hopkins – a quien por cierto le valió un ‘Oscar’ a mejor actor- y Olivia Colman; una adaptación de la obra “Le pére”, puesta en escena estrenada en el 2012, y a la cual muchos han catalogado como una de las mejores obras de los últimos veinte años (el mismo “TIMES” ha hablado sobre ella).

“El padre”, forma parte de una trilogía teatral que incluye: “La madre” y, “El hijo”, esta última señalada como la mejor de las tres. Bueno pues con todo eso atrás, el maestro Tavira decidió aceptar el trabajo – y ha logrado tantas cosas en ello para el teatro en nuestro país, que poco a poco irán siendo tomadas en cuenta, y con el peso que se debe-. Por lo pronto hablaré tan solo de mi experiencia como espectador, y lo siento por los ‘anti-taviristas’, que créame,  los hay por miles en el país, y los que a partir de aquí les invito cordialmente a abandonar la lectura, porque lo que se van a encontrar es el reconocimiento de un alumno, el más humilde y limitado, si así lo quieren ver, no importa,  de todos y quizás el más pequeño de ellos a su maestro: el mejor y más grande – y vaya que los he tenido por montón-, pero ninguno había tenido la hazaña que el maestro Luis de Tavira logró. Venga pues, conocí al maestro Tavira por allá en el año 2000, fui su alumno en diferentes diplomados desde dirección, pedagogía teatral y hasta Platón, por mencionar algunos.

Su metodología y discurso son claros y objetivos, quizás el más complejo de ellos es su “análisis tonal”, desde donde se estructura toda la hermenéutica dramática actual de nuestro teatro, pero es en la aplicación donde se halla lo complejo, pues el análisis tonal nos lleva a la generación de una fórmula matemática, cuya ecuación debiera plantear el tono del texto y su futura puesta en escena. La práctica es en donde hemos fallado muchos por diversas cuestiones, pero de que funciona, funciona.

Así, el maestro Luis de Tavira ha encontrado la fórmula, la misma que lleva décadas buscando el cómo hacer una puesta en escena exitosa económicamente: “el padre”, la cual tiene esa  magia, el teatro ese al que los teatreros en México le hacemos el feo (el llamado teatro comercial) pero a la situación a la que todos quisiéramos llegar: el teatro totalmente redituable, el teatro-empresa, así con esas letras, pues también nuestras familias tienen que comer. Entonces todo aquel que diga lo contrario créame que miente.

“El padre”, es un texto probado en casi el mundo entero, y además llevado a la pantalla grande con el mismo éxito que en la propia puesta en escena, y en México no podía ser la excepción. De conformidad, decidieron hacerlo esta vez  con una actriz que iba a garantizar que el público acudiera a las salas, pero apostando en el actor que interpretaría a “El padre”, por un casi desconocido para las masas, ya que mientras el éxito de la primera ha sido enorme en tv novelas, series y películas, la del maestro se ha enfocado más  en la pedagogía, la investigación y la dirección de escena, y es apenas en los últimos años en los que ha decidido incursionar con mayor frecuencia en la actuación, y por tanto lo hemos venido viendo en diferentes montajes, hasta que a finales del año pasado llegamos a la que hoy es tema de esta nota.

En los montajes anteriores los anti- taviristas, se dieron gallo destrozando el trabajo actoral del maestro, puesto que ellos querían ver en acción todas sus teorías, y se creían tener el derecho de exigir lo que ni ellos mismos logran con lo suyo, pero olvidaban lo más básico de su discurso…  él simplemente no estaba al frente ni en la dirección de esos montajes, ni en nada.

Cabe destacar que ni uno de estos trabajos podríamos decir que eran malos, pero las condiciones aún no se conjuntaban para lograr lo que en “El padre” podemos disfrutar. En esta tenemos a Fernanda Castillo – que siendo honestos es el imán taquillero de dicha puesta en escena-, el texto y su historia y recorrido mundial es el otro imán, pero la actuación del maestro Luis de Tavira. Es pues sin duda la más grata y bella sorpresa del montaje.

Después de este trabajo serán miles los que queramos ver de nuevo al maestro en las tablas, y llenaremos de nuevo los teatros con gusto, porque tendremos la garantía de su trabajo actoral, de su compromiso con el teatro, pero sobre todo de su pasión, sí, su pasión por el teatro.

Vemos muchos guiños tavirescos en la escenografía y su movilidad, por ejemplo, la primera en sí, es un personaje más en la puesta en escena, apoyada en la iluminación como un complemento y el mejor de los cómplices.

Mientras tanto, el trabajo actoral del maestro es fuerte, contundente, invasivo, te toca en lo más profundo de tu ser, te convulsiona en tu butaca, te transgrede en lo más íntimo de tus recuerdos.

En lo personal estaba rodeado por hombres, y verlos llorar, esconder sus sentimientos y sus lágrimas en los hombros y/o brazos de sus compañeras, era totalmente conmovedor.

El maestro en este trabajo, es totalmente congruente con lo que expone en sus clases, sobretodo en las de actuación. Poco a poco, y a través de las horas que transcurren después de la puesta en escena, uno puede ver claramente la partitura de su personaje: la experiencia de ver los aplausos al elenco, pero sobre todo ver al público ponerse de pie al unísono,  cuando el maestro Luis aparece en escena conmovido por su entrega al trabajo efectuado, llenando de ‘bravos’ la sala – y no hablo por mi familia: los Bravo Fabián, sino por los gritos que desgarraban el alma en honor a la catedra de actuación, que hace apenas unos minutos, habíamos sido testigos-. Al final fuimos varios los que nos quedamos en nuestras butacas totalmente devastados, llorando y siendo consolados por las personas a nuestro alrededor. 

Salir de la sala y ver seres humanos llorando, otros en los baños escondiendo su sentir. Ver actores y actrices en la misma sintonía nos lleva a valorar lo que aquí se está haciendo con una producción de más de 90 minutos de duración.

Es un trabajo que todos los estudiantes de actuación deben de ver, es un trabajo que todos los que hacemos teatro debemos presenciar.

A sus 75 años de edad, el maestro Luis de Tavira nos muestra lo que un actor con disciplina y pasión, puede llegar a ser capaz de hacer. Hoy repito con orgullo que yo soy “teatrero por vocación, tavirista por convicción”. No pierdan la oportunidad de ver algo como esto, y vivan la experiencia tan bella que es asistir al teatro cuando el teatro se da de esta manera.

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