Elecciones: ciudadanos y clientelas
Por Carlos Fránquez
Las elecciones a celebrarse en este año han iniciado. De acuerdo a los cargos a elegir, serán las más grandes de la historia, pero no solo esa peculiaridad tendrán. Señalemos algunas que habrá que tener en cuenta.
Dada la situación económica que se vive, la política se ha vuelto uno de los negocios más lucrativos. En él solo hay que invertir muy poco y los rendimientos son enormes. La falta de control en el gasto público y la impunidad para quien es descubierto haciendo malos manejos del mismo, con que reparta parte de lo que se robó a quien lo persiga es más que suficiente para seguir en el negocio sin mayores dificultades, con suerte y hasta se declara perseguido y un aura lo protegerá por varios años. Esta actividad, entonces, se verá muy saturada de oficiantes.
Con las modificaciones a la Ley la reelección por un periodo más ya es posible en los cargos de senadores, diputados, presidentes municipales, síndicos y regidores, eso hace que la mayoría de ellos aspiren a repetir en el cargo por el periodo inmediato, lo que achica la puerta de acceso al negocio. Muchos de esos aspirantes nuevos que no logren acceso, si no reciben algo a cambio, serán un dolor de cabeza para los repetidores. Nada personal habrá en ello, todo es parte del negocio.
De ser los partidos políticos declarados en la Constitución como organismos de interés público, cada vez queda más claro que, de nueva cuenta es violada, pues en este proceso, ya sin máscaras, los partidos se presentan como empresas privadas propiedad de familias bien identificadas, el caso más ejemplar de ello es el partido verde que fue heredado de padre a hijo a nivel nacional. En lo local ese tipo de ejemplo se multiplica en casi todas las organizaciones partidarias.
En cada proceso el crimen organizado muestra que es un actor más que tiene que ser tomado en cuenta, en éste, su participación ya parece institucionalizada, se acepta públicamente como un mal necesario, pues el dinero que mete a las elecciones no es poco y puede llegar a decidir quién habrá de ser el ganador. Ello sin tomar en cuenta el número de candidatos que ya están siendo eliminados por personeros del mismo, sin que se sepa, a la fecha, de la acción penal en contra de algún perpetrador del crimen. Todo ello con el agravante de que si el candidato de ellos triunfa ellos gobernarán o co-gobernarán. Se argumentará que ello ya sucedía con los empresarios, sin duda, solo que con la diferencia de que éstos operan legalmente establecidos, aunque igualmente cobran el gasto realizado (inversión, debiera llamarse).
Pasa esto y más taras pasarán en nuestro proceso electoral de mediados del año debido a la pobrísima democracia (y eso poco que queda está en un gran riesgo de desaparecer) en la que vivimos debido a la ineficacia del INE y los organismos electorales locales que se han gastado millones de pesos en disque construir ciudadanía que no se mira por ningún lado –para el IFE-INE y organismos locales, democracia era la alternancia donde ellos repartían el mando de acuerdo a quien mayor clientela lograra acarrear a las urnas el día de las elecciones–. Unas veces las acarreaban las familias propietarias de los partidos y, otras, los propios candidatos, según su capacidad de compra de votantes. Ya un exgobernador declaró que el triunfo de su hijo al que hizo gobernador, le costó 5 millones de dólares. Eso sí, pagando 2.5 al arranque y el resto al momento de recibir el acta de ganador, por parte del organismo electoral. Lo anterior sin tomar en cuenta el dinero aportado por el organismo electoral para el caso.
Así nuestro proceso electoral ya en marcha.
