febrero 7, 2026

Era de esperarse: el aumento al transporte urbano vuelve a tocar el bolsillo del pueblo

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cammión ruta

Sumario: La solicitud de incremento a la tarifa del transporte urbano revive viejas promesas de mejora que rara vez se cumplen, mientras el servicio sigue siendo deficiente y el usuario carga con el costo.

Por Sergio Mejía Cano

Este pasado 14 de enero, en el portal meridiano.mx, apareció una nota firmada por el periodista Argimiro León bajo el encabezado: “Urgen transportistas incremento de pasaje ante deterioro de unidades”. En ella se informa que Antonio Ramírez Domínguez, quien se ostenta como dirigente de los choferes del transporte público, defiende la urgencia de un aumento de dos pesos en la tarifa, argumentando que los ingresos actuales no alcanzan para el mantenimiento ni para mejorar las unidades.

Según el propio Ramírez Domínguez, los permisionarios reciben alrededor de 4 mil pesos por unidad, y tras pagar a los conductores, el remanente resulta insuficiente para invertir en refacciones, sobre todo cuando el costo de las llantas oscila entre 5 y 8 mil pesos. A ello suma que el deterioro interno de los camiones se debe, en buena medida, a jóvenes vándalos que rayan y rompen los asientos.

La promesa que nunca se cumple

Lo que llama la atención —como casi siempre ocurre cuando se pide un aumento en la tarifa— es la reiterada promesa de mejorar las unidades y el servicio. Promesa que, históricamente, no se cumple ni de lejos.

El servicio sigue siendo más pésimo que óptimo. En muchas rutas, las unidades pasan con largos intervalos de tiempo, generando pérdida de horas para los usuarios. Y ni hablar de domingos y días festivos, cuando alrededor de las ocho de la noche prácticamente desaparece el transporte: si acaso pasa una unidad “a las quinientas”, y eso si pasa. No ocurre en todas las rutas, pero sí en la mayoría.

Renovaciones de fachada

En cuanto a la renovación del parque vehicular, la realidad es conocida por los usuarios: una manita de gato aquí y allá, mientras la mayoría de las unidades sigue igual de deteriorada. Por eso, cuando se vuelve a escuchar el discurso de “mejorar el servicio para justificar el aumento”, la ciudadanía sabe que, al final, todo queda en promesas.

¿Vocero de choferes o de patrones?

Esta solicitud de aumento ya se esperaba. Y aunque se haga en voz del supuesto dirigente de los choferes, resulta evidente que Antonio Ramírez Domínguez no se manda solo. Más que representar a los conductores, parece fungir como vocero de permisionarios y concesionarios.

Porque si realmente defendiera a su gremio, estaría exigiendo mejores salarios, seguridad social, capacitación, uniformes dignos, así como terminales y subterminales adecuadas, donde los choferes puedan comer, descansar y atender necesidades básicas. Pero no: prefiere hablar por los patrones y trasladar el problema al usuario.

El efecto contagio: Jalisco como pretexto

El aumento también se explica por el efecto contaminación. En el vecino estado de Jalisco, la tarifa del transporte urbano pasó de 9.50 a 14 pesos, incremento que entrará en vigor en abril para camiones, macros y tren ligero.

El aumento ha provocado protestas generalizadas. Para intentar contener el enojo, se anunció que los estudiantes pagarán 5 pesos, mientras que otros usuarios deberán tramitar una tarjeta de prepago, que no será para todos. Quienes la obtengan pagarán 11 pesos; quienes no, 14 pesos completos.

El dinero que se queda en la alcancía

Entre las protestas en Guadalajara, destaca una pregunta incómoda: ¿a dónde van los 50 centavos que se quedan en las alcancías cuando los usuarios depositan una moneda de diez pesos y no reciben cambio?

Como los conductores ya no manejan efectivo, quienes no tienen tarjeta pagan con monedas. Si no traen los 9.50 exactos, pierden el cambio. Un pequeño monto que, multiplicado por miles de viajes diarios, no es nada pequeño.

Precaución, porque la historia se repite

Todo indica que el aumento al transporte urbano era cuestión de tiempo. Pero antes de cargar nuevamente el costo al pueblo, valdría la pena responder una pregunta básica:
¿por qué siempre se promete mejorar y casi nunca se cumple?

Porque mientras esa respuesta no exista, cualquier incremento seguirá siendo visto no como una necesidad, sino como un abuso reiterado.

Sea pues. Vale.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

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