43 Festival de Teatro de Málaga: escena, memoria y excelencia actoral
Sumario: Málaga confirma su peso como plaza teatral internacional con montajes que interpelan la memoria histórica, el conflicto social y la introspección humana. El 43 Festival de Teatro de Málaga dejó experiencias escénicas de alto nivel en los teatros Cervantes y Echegaray, con más de treinta montajes que convocaron al público pese al clima adverso. Destacan Blaubeeren, La Barraca y Esencia, obras que superan cualquier filtro de exigencia artística.
Por María Esther Beltrán Martínez.
Málaga, España.- Como cada invierno, el Teatro Cervantes recibe el Festival de Teatro. En esta ocasión fueron más de treinta obras presentadas tanto en el Cervantes como en el Teatro Echegaray, dos recintos donde el público disfrutó de las artes escénicas y, en varios casos, de un deleite especialmente intenso.
A pesar del clima y el mal tiempo, el público asistió a las salas para conocer las diferentes propuestas. Es difícil que todas resulten excelentes: se aprecia el trabajo de actores, dirección y producción, aunque algunas se quedan en el aire y no logran cerrar el círculo de perfección. Otras, en cambio, imponen el silencio absoluto: cesan las toses, se apagan las pantallas de los móviles y la atención se vuelve total.
Para quienes viajen por España y amen el teatro, estos títulos son altamente recomendables. Y para programadores de festivales, aquí hay opciones con nivel internacional.

El horror de Blaubeeren
No solo destacó por su peso histórico, sino por una ejecución técnica y artística que dejó al público en un estado de introspección profunda. Finalista del Premio Pulitzer de Teatro 2024, la obra se aleja del drama ficcionalizado para abrazar el teatro documento, donde la realidad no necesita adornos para resultar desgarradora.
Bajo la batuta del director Sergio Peris-Mencheta y su compañía Barco Pirata, la versión española del texto original de Moisés Kaufman y Amanda Gronich (Here There Are Blueberries) se despliega con precisión quirúrgica. El montaje sostiene una tensión constante durante sus 85 minutos, funcionando a la vez como thriller de investigación y réquiem por la humanidad.
El peso emocional recae en un reparto versátil que interpreta múltiples personajes, desde oficiales de las SS hasta historiadores del presente. Víctor Clavijo y Clara Alvarado encabezan un elenco de ocho actores que incluye a Nacho López, Irene Maquieira, Natxo Núñez, María Pascual, Paloma Porcel y Eric de Loizaga. La química del grupo permite transitar entre el siglo XXI y los años cuarenta sin perder el hilo narrativo.
La obra inicia con una llamada desde Palestina y con la llegada de un álbum de fotografías inéditas de la Segunda Guerra Mundial a Rebecca Erbelding, directora de archivos del Museo del Holocausto de Estados Unidos. Las imágenes muestran a los oficiales que administraban Auschwitz. A partir de ahí, la historia se abre paso hasta ocupar titulares en la prensa internacional.
La pregunta que queda flotando al encenderse las luces —¿reciben los culpables su castigo?— no se responde con datos jurídicos, sino con el peso del silencio. El castigo es el juicio de la historia y la imposibilidad de apartar la mirada una vez revelada la verdad.

La Barraca
La excelente puesta en escena conquistó al público. La obra traslada temas actuales como la subida injustificada de los alquileres, los desahucios, el acoso infantil y el enfrentamiento entre nativos e inmigrantes. Aunque el texto es de Vicente Blasco Ibáñez, el montaje enfatiza conflictos que siguen resonando hoy.
Uno de los mayores aciertos es la fusión entre danza y teatro. El montaje utiliza el movimiento corporal y una plástica escénica poderosa para transmitir la violencia, la envidia y el peso de la tierra que atraviesan el drama de la huerta valenciana.
La dirección de Magüi Mira consigue que la historia de la familia de Batiste, acosada por el odio de sus vecinos, se sienta moderna y vibrante. La función presentada en el Cervantes terminó con ovaciones de varios minutos, consolidándose como una de las más celebradas del festival.
El elenco está conformado por Daniel Albaladejo (Batiste), Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba. Más allá de los personajes individuales, el grupo funciona como un bloque: “los vecinos”, “las sombras”, una fuerza colectiva imparable.
Sin duda, La Barraca se suma a lo mejor del festival y deja al espectador con múltiples elementos para el análisis.

Esencia: una maestría actoral con mayúsculas
Con las magistrales actuaciones de Juan Echanove y Joaquín Climent, la obra sostiene un diálogo intenso que conduce al espectador por distintos caminos de interrogación.
Escrita por Ignacio García May, Esencia se consagra como una de las piezas más potentes de la temporada. El propio programa de mano la define como una de sus obras más enigmáticas: un laberinto de percepciones donde la realidad se tambalea y se vuelve difusa.
Desde el inicio, la obra implica al público con una sobrecarga de información que, a lo largo de la función, va encontrando sentido. La pregunta central —¿sabes la verdad?— conduce por un territorio donde se cruzan la realidad, la literatura y la vida cotidiana, con sus ruidos e incertidumbres.
Bajo la dirección de Eduardo Vasco, ambos actores ofrecen una actuación excelsa, dominando el ritmo de un diálogo que transita entre lo cotidiano y lo metafísico. El cierre fue apoteósico, con ovaciones prolongadas de un público visiblemente conmovido.
Tres obras que, hasta el momento, superan cualquier filtro de exigencia. El festival continúa; si surgen nuevas propuestas de interés, daremos cuenta de ello.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

