abril 24, 2026
granja

Artículo 6o. La manifestación de las ideas no será

 objeto de ninguna inquisición judicial o

administrativa.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Por Efraín Moreno Arciniega

El extraordinario lingüista y escritor italiano, Umberto Eco, definió a la prevaricación en dos acepciones:

Abusar del propio poder para obtener ventajas en contra del interés de la víctima.

Y actuar en contra de la honestidad transgrediendo los límites de lo lícito.

Aludiendo a aquellos personajes, con cierto poder temporal, -muy recurrentes, por cierto-, mismos que en su soberbia son incapaces de admitir la mínima crítica a sus ideas y comportamientos; como Hitler o el mismo Berlusconi, Umberto Eco, en una conferencia que dictó en la Universidad de Bolonia, abordando el asunto de la prevaricación, habló sobre el abuso del poder, aludiendo a la extraordinaria fábula de Fedro, “El Lobo y el Cordero”:

El lobo le reclama al cordero el por qué le está ensuciando el agua que él está tomando.

El cordero desconcertado le contesta: ¿Pero.., cómo te la voy a ensuciar si el agua viene de contigo?

El lobo al verse desarmado en su argumento ahora le dice al cordero: ¡Ah.., pero tú me la ensuciaste hace un año!

El cordero, nuevamente desconcertado, le contesta al lobo: ¿Pero.., cómo pude habértela ensuciado si hace un año todavía no nacía? Veme.., soy cordero.

El lobo al verse de nuevo derrotado por los argumentos del cordero, molesto le dice: ¡Ah..! ¡Entonces fue tu padre!

Y sin más se comió al cordero.

La prevaricación, como podrá colegirse, es una característica propia de los regímenes autoritarios y antidemocráticos, muy alejados de lo que puede ser un Estado de Derecho.

Históricamente, personajes siniestros han logrado convencer, a grandes masas, que la prevaricación es una acción buena y por consecuencia necesaria realizarla; porque con ella, aluden, se salva el grupo o la sociedad a la que se pertenece; es decir: Todas las personas que están en contra del grupo al que pertenece el prevaricador, -según el mismo prevaricador, obviamente-, son necesariamente malas, y por lo tanto hay que combatirlas hasta exterminarlas.

Cuando el prevaricador encuentra una justificación a su acción, es lo que se llama en derecho casus belli (causa de guerra), que no es otra cosa que “joder a como dé lugar”; como la fábula del lobo y el cordero, pues.

Generalmente cuando los prevaricadores buscan el apoyo entre la gente para justificar su acción abusiva e ilícita, argumentan que la víctima forma parte de un complot en contra de ellos y que por eso se hace necesario agredirla, para que el grupo, -el grupo al que pertenece el prevaricador-, siga adelante con sus planes.

Esto es lo que Karl Popper llama “La teoría Social de la Conspiración”. Es decir, hay que agredir a los otros, porque ellos forman parte de otro grupo que nos quiere acabar; surgiendo así la intolerancia y la persecución; y por consecuencia la degradación de la política y la democracia.

Otro ejemplo de Prevaricación y de la Teoría Social de la Conspiración, lo encontramos en Jorge Orwell en su obra “La Rebelión en la Granja”.

En ella, este intelectual habla del abuso que los líderes soviéticos hicieron con el poder hacia los trabajadores y al pueblo de la Unión Soviética.

 Si alguna obra debe leerse para comprender la relación entre los trabajadores y sus dirigentes es el libro de George Orwell “La Rebelión en la Granja”. Orwell, en esta su obra, establece que a los dirigentes de una organización siempre les va bien; a los trabajadores no; pero a todos los líderes sí.

En la Rebelión de la Granja, un día los animales hartos del trato que les daba el amo granjero decidieron rebelarse a su dominio y lo expulsan de la misma.

Inician así su propio gobierno de la granja como animales.

Escriben en una pared del granero los siete mandamientos a las que todos deberían de sujetarse:

Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.

Todo lo que camina sobre cuatro patas o tiene alas, es un amigo.

Ningún animal usará ropa.

Ningún animal dormirá en una cama.

Ningún animal beberá alcohol.

Ningún animal matará a otro animal.

Y, todos los animales son iguales.

Pasa el tiempo, y empieza a darse cierta diferencia de clases: los líderes cerdos viven mejor que todos los demás animales a pesar del séptimo mandamiento “Todos los animales son iguales”.

Los líderes cerdos violaron toda la Constitución que habían establecido para la granja al expulsar al señor granjero, Mr. Jones: Se apropiaron de la casa de Mr. Jones, bebieron hasta embriagarse del vino de Mr. Jones, y durmieron siempre en las camas de Mr. Jones.

Los líderes cerdos, siempre justificaron sus actos diciéndoles a los demás animales que todo ello era necesario, porque los líderes deberían siempre tener ciertas concesiones para poder dirigir bien los trabajos de la granja.

Los personajes de esta metáfora son los siguientes:

El amo de la granja, el señor Jones, simboliza en la obra al sistema capitalista.

Los cerdos eran los dirigentes Bolcheviques; y el cerdo mayor era José Stalin.

Los caballos eran la Clase Obrera de la URSS.

Las gallinas representaron allí a la Clase Campesina.

Los borregos representaban al Partido Comunista de la Unión Soviética.

El Cuervo simbolizaba a la Iglesia Ortodoxa de la URSS.

El burro es en la obra la clase intelectual.

Y Los perros son en este libro, El Ejército Soviético y la policía secreta del régimen soviético, la KGB.

En la obra, como ya lo dijimos, los cerdos terminan por dominar y explotar al resto de los animales de la granja; desconocen los siete mandamientos e imponen los suyos; acaban con todo tipo de disidencia, y terminan aliándose con otro granjero.

 Stalin persiguió todo tipo de disidencia, nunca soportó ninguna crítica. Uno de sus adversarios, León Trotsky, murió asesinado en México.

La Rebelión de la Granja, trajo en su tiempo numerosas críticas para George Orwell de parte de muchos partidarios del régimen soviético en el mundo. Lo menos que le señalaron fue de agente del imperialismo y anti comunista.

En 1991, ante la sorpresa del mundo que creía en el poderío del régimen soviético, este Estado desaparece.

 George Orwell había tenido razón en aquella fuerte crítica que le realizó al PCUS: los líderes, su intolerancia, su burocracia y su autoritarismo, habían acabado con la utopía de lo que fue la URSS.

Esto ya no lo vio George Orwell, murió en enero de 1950.

¡Un saludo para Todos!

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