Pensamiento político XIII
Por José Guadalupe Rocha Esparza
Teofrasto, discípulo predilecto y magnífico intérprete de Aristóteles. Le sucedió en la dirección de la Escuela Peripatética, heredando su biblioteca. Víctima de la persecución de Sófocles, tuvo que exiliarse un año. Fue el más querido y popular de los filósofos griegos. “Caracteres morales” es la obra que le ha dado fama imperecedera. Cultivó la botánica. Murió a los 87.
Decía que la pasión más peligrosa entre los que ocupan puestos en un Estado es la impaciencia por engrandecerse; es el primero que se levanta designándose a sí mismo y diciendo que no hay otro como él. La adulación, afirmaba, es un comercio vergonzoso, únicamente útil para el adulador. El disimulo, el arte de componer acciones y palabras a un mal fin, escribió.
Reflexionaba sobre el importuno al referirse como el que escoge el momento en que su amigo está agobiado por sus propios negocios para hablarle de los suyos; el que se levanta en medio de una reunión para referir un hecho que todos saben mejor que él y el que se mete donde no lo llaman. Buscar renombre en los hechos más frívolos es necia vanidad, dijo.
