mayo 3, 2026
fcomunist

“Si no vives como piensas,

acabarás pensando como vives”.

Gandhi

Por Rutilo Tomás Rea Becerra

y Pedro Gonzáles Castro

En 2002 Sylvian Timsit publicó “Stratégies de manipulation. Les stratégies et les techniques des Maitres du Monde pour la manipulation de l’opinion publique et de la société”. Entre los temas que aborda, se encuentra uno muy interesante que refiere el dirigirse al público como a niños de corta edad. Al respecto menciona: “Si usted se dirige a una persona como si ella tuviera 12 años, entonces, debido a la sugestión, ella tendrá, con cierta probabilidad, una respuesta o reacción acrítica como la de una persona de 12 años”.

Según del Campo Tejedor y Ruiz Morales (2018), en su artículo “Aún vive el coco. Origen, pervivencia y transformación de un clásico del miedo infantil”, durante muchos siglos esta estrategia de miedo ha sido utilizada. Quién, en su infancia, no fue amedrentado por los padres o algún adulto invocando al legendario “viejo del costal”, “el coco”, “el robachicos”.  Seres asociados a la oscuridad o a las tinieblas.

Según refieren estos investigadores, la referencia al “coco” se encuentra en escritos de Francisco de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel de Cervantes, entre otros. En términos generales, siempre haciendo alusión a “la figura horrible y fantástica que se usa para inducir a los niños a la obediencia, y por ende a cualquier espantajo que pueda ser utilizado para otros menesteres”.

En este marco, de forma sistemática la derecha ha seguido utilizando esta vieja cantaleta. Solo le ha bastado sustituir al “coco”, por el vocablo “comunismo” y alrededor han creado todo un escenario hollywoodense que da énfasis un género catastrófico. Ante esta narrativa no sabemos si ponernos a reír o a llorar, pero bueno.

Comencemos por lo primero. Si el comunismo no ha existido en ninguna parte del mundo ¿En qué se basan, los que lo enjuician, para señalar que es malo? ¿Frente a qué países podemos comparar o constatar su inferioridad o superioridad, si ningún país ha sido comunista?

Si la base del capitalismo es la producción para el mercado y no para el autoconsumo, es decir, para vender y comprar bienes y servicios (mercancías) y lo que se obtiene de estas ventas se convierte en utilidad o ganancia privada, generando un proceso de acumulación de capital que se extiende a través de los mercados a lo largo y ancho del planeta, convendría preguntar ¿Qué país o países escapan a estas lógicas del desarrollo capitalista?

En segundo lugar, si el comunismo lo basamos en la superioridad de lo público frente a lo privado, o del Estado ante el mercado, la realidad desmiente ampliamente otra de las falacias que continuamente la derecha ondea como bandera de guerra.

Si nos basamos en datos oficiales sobre el territorio nacional las cifras son las siguientes: 39.56 % de la superficie nacional, es propiedad privada; de acuerdo con el INEGI, 59.37% es ejidal o comunal y solo 0.28% es propiedad del gobierno. Si hablamos respecto al tipo de inversión en México, de acuerdo con el INEGI, la privada en el primer trimestre del 2023 representó el 87.1% de la inversión total, la pública fue de tan solo 12,9%. Respecto a su aportación al PIB, las empresas familiares aportan el 85% y representan además el 90% de los negocios que hay en el país. Si se trata del tipo de propiedad de empresas, con el modelo neoliberal se vendieron la mayoría de ellas que estaban en manos del Estado; actualmente se intenta recuperar PEMEX y la CFE, esta última tiene participación privada por lo que no se puede considerar como un monopolio exclusivo del Estado.

No es este un estudio exhaustivo sobre el Estado mexicano, pero se puede apreciar que la posesión de este sobre el territorio y sobre la propiedad económica en México, en realidad es muy limitada como para señalar que vamos hacia el comunismo. 

Otro elemento que continuamente se esgrime, es que se avanza hacia un autoritarismo presidencial. Es decir, que las decisiones esenciales en la economía, la política y lo relacionado con lo social serían de absoluta competencia del ejecutivo federal. Esta es una narrativa que poco tiene que ver con la realidad ya que si así fuera, el magnate (dueño de TV Azteca) Emilio Azcárraga ya hubiera pagado lo que debe de impuestos; el poder judicial no hubiera liberado a varios miembros del crimen organizado que ya estaban detenidos; no se le hubiera otorgado el amparo al exgobernador de Tamaulipas Cabeza de Vaca ante las acusaciones de corrupción e impunidad, o que cualquiera de las reformas propuestas por el Presidente no hubiesen tenido impedimentos para su realización.

Es incongruencia argumentativa señalar: “el presidente es un dictador, pero la oposición le ha impedido llevar a cabo sus necedades”, el dictador está controlado por la oposición”.

Vaya dictadura la que existe en nuestro país, cuando la libertad, muchas veces convertida en libertinaje, permite que cualquiera pueda juzgar, disentir sus opiniones o se le insulte hasta “convertirlo” en el hazmerreír utilizando las llamadas “redes sociales”. La pregunta es: ¿a cuántos miembros de la oposición ha reprimido, encarcelado, torturado o desaparecido el actual Presidente?

A ello, se agrega la acusación de que actualmente se vive bajo la sombra de un narco Estado. ¡Que pronto olvidan los opositores que, en el régimen de Calderón y Peña Nieto, un miembro de su gabinete (García Luna) mantenía nexos con el crimen organizado aun siendo Fiscal de la República! ¡Que pronto olvidan los opositores que, en el régimen de Calderón y Peña Nieto abundaron los casos de desapariciones forzadas, fosas clandestinas, cadáveres colgantes, feminicidios, migraciones comunitarias obligadas, la necro política en general como forma de estructurar la vida social de nuestro país!  

Frente al vendaval de mentiras, calumnias y falsedades seguirán siendo necesarias las aclaraciones y argumentaciones distintas para ir construyendo una nueva narrativa social. Y, por qué no, con ello incidir en el análisis cualitativo de los procesos micro-históricos de los agentes sociales que responden a periodos temporales específicos de determinados entornos sociales.

Y, como dijo el Chico Che: ¡Uy qué miedo, mira como estoy temblando!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights