Repúblicas Burocráticas o Mafiosas*
Por Mtro. Andrés García Torres.
“En la variada multitud de formas de dominio que registra la historia pueden discernirse, en general, dos tipos de gobierno: despótico y republicano. La línea que los separa es confusa en la práctica, pero bastante nítida en la teoría: de Acuerdo con Cicerón, gobierna en un caso la ley, y en el otro el mero capricho.”[1]
En esta ocasión, y durante las próximas aportaciones a Revista Perfiles, les compartiré el hallazgo de mi biblioteca, que me dio respuesta (más no razón) a muchas de mis interrogantes de lo evidente en este proceso electoral extraordinario 2025, que es tema de otro análisis, pero no aquí; no ahora.
Lo que les compartiré es la obra de Fernando Escalante Gonzalbo, titulada: “El Principito o Al político del Porvenir”, de la editorial Cal y arena, México 1995. Me costó $65 sesenta y cinco pesos en Sanborns, supongo que en la ciudad de México o GDJ debió ser adquirido, porque aquí en Tepic, creo no había dicha librería en ese tiempo -Ni ahora, que pena-.
“Fernando Escalante retoma el mejor espíritu didáctico del maquiavelismo para dar vida a una obra que, sin duda, pasará a formar parte de la bibliografía de cabecera de todo joven político y todo buen analista. Una disección del Poder digna del mejor cirujano, una profunda reflexión sobre la transitada frontera de la ética y la política y, de forma no menos relevante, una pieza que nos remite a la mejor tradición literaria del Renacimiento florentino”. Ver contraportada de la obra.
En el primero de sus XXI Capítulos (que incluyen notas al final de cada uno) refiere a las Distintas Clases de Repúblicas, cuántas son y cómo se adquiere el poder en ellas. Ahí el autor hace la distinción -que más conviene hacer, dice- para entender el ejercicio político, a la diversa constitución moral de las repúblicas. En cuyo terreno, y otra vez en términos generales, hay que decir que son hoy las repúblicas de dos clases: burócratas o mafiosas.
“En las repúblicas burocráticas los hombres sirven a las leyes con rigor, e incluso con escrúpulo y miramiento. En las repúblicas mafiosas ocurre lo contrario: esto es, que los hombres se sirven de las leyes, sin por eso prescindir de ellas, como ocurriría en el despotismo.
“Como quiera que nada hay perfecto en este mundo, no se encontrarán ningún orden que sea por entero burocrático o mafioso, sino que van ambos confundidos en todos los casos. El adjetivo, sin embargo, indica una tendencia o propensión que suele reconocerse sin mucho esfuerzo, y que puede justificarse en la teoría con razones suficientes.
En una república burocrática, la virtud pública más notoria y extendida es la disciplina: la voluntad constante de acomodar los actos e incluso, se da el caso, los deseos a las reglas; y es cosa que se acompaña, por lo regular, de vicios particulares como la intransigencia y el ordenancismo.
En una república mafiosa, en cambio, la virtud más frecuente y necesaria es la prudencia: el cálculo de los méritos y riesgos de cada decisión, en vista del conjunto de la circunstancia. De tal modo que, si en una república burocrática es de la mayor importancia conocer la situación de cada una respecto de las leyes, en una mafiosa interesa conocer la posición de cada cual respecto de los demás, así como las tramas de afecto, lealtad e influencia que los unen o los enfrentan.
Las dichas virtudes tienen sentido, n particular, por varios rasgos de organización que es difícil de resumir. El más notorio es, acaso, la relación de los individuos con los recursos que les proporciona poder e influencia.
En una república burocrática están organizadas las empresas, los partidos y el gobierno de modo que sus recursos dependan del cargo, y no de la persona que, temporalmente lo ocupa. Es algo, por supuesto, que nunca puede cumplirse del todo, pero que afecta de manera profunda a los modos de hacer política, como vio con mucha claridad, y con cierta aprensión también, el profesor Max WEBER.[2]
A la inversa, en una república mafiosa los recursos de poder e influencia son siempre, de algún modo, personales. Y sólo pueden ser usados como si lo fuesen. Puede verse el caso entonces de que una misma magistratura resulte poderosa o impotente, que un mismo puesto parezca esencial o intrascendente, según el carácter y condición de la persona que lo detenta. Como puede verse, de semejante modo, que haya quien no cobre sueldo ninguno del erario público y mande más que los que hacen profesión de ello.
Hay que decir, sin embargo, que nunca se trata de recursos puramente individuales; eso indica, con propiedad, el adjetivo. En una república mafiosa cumple hacerlo todo con la mayor consideración hacia los vínculos de afecto, de dependencia, de lealtad de lealtad que podría llamarse, sin violencia, familiares.
Con lo que puede verse, de paso, qué veleidosa y poco fiable es la opinión de la humanidad sobre muchas cosas; porque son mayoría los que cuidan más de los nombres que de la realidad efectiva de las cosas. De modo que aprecian como virtuoso lo que lleva un nombre sonoro o agradable, tal como democracia, libertad o cosa parecida, y huyen de los mismo si se lo llama de forma más clara y ajustada.
Conviene meditar bien y sacar lección de ello para no hacer fácil menosprecio de las repúblicas mafiosas por causa sólo del nombre. Que la mafia no es, como suelen pensarlo algunos jueces y periodistas, una asociación para delinquir, sino un modo de vida fincado en el aprecio de la amistad y la familia. Cualquier Capo sabe, y debería saberlo cualquier político, que mafioso es quien ayuda a sus amigos, protege a su familia, hace honor a su palabra, cumple con sus compromisos, ampara los negocios de provecho, y procura el orden y la tranquilidad de sus allegados y clientes.[3]
A cambio, – y hay que decirlo también para aliviar recelos-, un burócrata es quien cumple ordenanzas y reglamentos, conoce y respeta las jerarquías, atribuciones y competencias, y mira mucho no hacer más ni menos de lo que, por forma, le corresponde.
*Dedicado a Raúl Rosales Rosas por su solidaridad siempre, y a Jesús Torís Lora, con motivo de su cumpleaños 57.
- La distinción es, como se sabe, raíz y cimiento de su argumento en De República, Madrid: Gredos. ↑
- Weber. “Parlamento y gobierno en el nuevo ordenamiento alemán”, en escritos políticos, México folios, 1984, p. 76. ↑
- Pueden leerse con provecho los testimonios que ha reunido Nando Dalla Chiesa en Il giudice ragazzino. ↑
