mayo 21, 2026

Del acceso al poder. Y de si conviene llegar por la popularidad o por la astucia.

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ÁLVAREZ

Por Andrés García Torres

         Lo decía Cicerón, con experiencia de sobra: “Nada es más incierto que el vulgo, nada más oscuro que la voluntad de los hombres, nada, más falaz que el régimen de todos los comicios”.

            El segundo capítulo del libro El principito o Al Político del Porvenir de Fernando Escalante Gonzalbo, refiere a cuando a un político que busca acceder a un cargo público se le ofrecen por lo común dos caminos: “el de la popularidad y el de la astucia. Consiste el primero en ser elevado por el espontaneo entusiasmo de la gente, y el segundo en hacerlo por medio de alguna maquinación más o menos disimulada.”

            La popularidad hoy ya no parece -esa vanidad- que sean modelos de obligatoria admiración para todos los que aspiran a ser políticos o que gustan de leer o comentar la política. Ahora vemos a dónde se van muchos de los populares que en el pasado lo fueron y súbitamente todo eso cambia: desde Bill Clinton, Carlos Andrés Pérez y hasta Winston Churchill fueron ejemplo claro de ello.

            Sin embargo, hoy día, por lo menos hasta lo que hace poco conocíamos como comicios creíbles, era importante contar con la opinión favorable o el entusiasmo ocasional de la mayoría.

            Aunque hoy día vemos algunos personajes en cargo públicos de relevante importancia por su responsabilidad que no que requirieron de la decisión de la mayoría, sino más bien, la aquiescencia de los notables, caciques e influyentes e intermediarios, entonces tenemos según Escalante el acceso al encargo público por la popularidad o la astucia.

         La primera no es garantía de que se vaya a prolongar por un periodo más o menos extenso, -de ahí el sistema republicano que tenemos algunas semi democracias- Y lo segundo (la astucia) tampoco es garantía de eficacia, aunque hay algunas muy raras excepciones como lo descubrimos de un buen servidor público, capacitado, responsable y lo más extraño: honesto y servicial.

         La conformación de las cámaras de legisladores -y ahora el Poder Judicial-, nos da una clara composición de las formas de acceso al poder público; en algunos casos será el mérito el que distinga a la persona, como su preparación académica, su trayectoria profesional, su conocimiento del medio donde se desenvuelve y simplemente hay otros personajes que arriban al poder por menester de las fórmulas para su designación.

            Los Diputados de Mayoría, pueden representar al popular, porque sin votos, no se gana la elección. La pasada elección judicial, nos hace abandonar esta idea de momento, aunque las elecciones no sirvan para esclarecer los problemas y poner en razón las quejas de unos y las pretensiones de otros, con la sola mira del bien común.

            En opinión del escritor del libro en comento, -él afirma- que ha de preferirse el camino contrario, si se tiene en mente la estabilidad y el buen orden de la república:” ha de preferirse ganar cualquier elección por medio de la astucia.” Y cita a continuación:

            “En una república bien arreglada, la masa de los medianos la compone la clase hambrienta que, con nombre más sonoro, se llama también clase política. En otras es forzoso echar mano, como quien dice, de lo que se puede, y cumplen con tales funciones notables o intermediarios hechos en los negocios, en el ejercito o en otras partes. Comoquiera, hacen falta siempre.

            En primer lugar, un buen arreglo con estos personajes consigue fabricar la popularidad casi de cualquiera. Entre nosotros, hombres de carrera discreta y no sobrados de encantos personales, como don Adolfo Ruiz Cortines o don Gustavo Díaz Ordaz, consiguieron por este medio su propósito. Difícilmente, sin embargo, puede ocurrir lo contrario. Es natural la soberbia de un hombre popular, como la desconfianza que inspira a los notables y caciques, por lo cual no es fácil que lleguen a entenderse.

Sobre todo, lo cual está el hecho de que la popularidad sirve de poco, y que sólo en ocasiones señaladas puede hacer ganar una elección porque hace falta mucho entusiasmo, donde falta el interés, para mover a la gente a una casilla electoral.”

Me queda claro.

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