La Capucha de la Inocencia: Dialéctica de la Emancipación y el Control del Deseo
“La inocencia puede ser una debilidad”.
Sobre el cuento de la caperucita roja
Por Pedro Gonzales Castro y
Rutilo Tomás Rea Becerra
La comprensión contemporánea del feminismo se encuentra atrapada en una contradicción fundamental: entre el victimismo infantilizador y una exaltación superficial que ignora sus raíces históricas. Para desmantelar esta crisis de identidad, debemos analizar cómo las estructuras materiales del Estado y la propiedad privada se infiltran en el imaginario infantil, utilizando narrativas como Caperucita Roja para adoctrinar a las mujeres en una gestión del riesgo que, en última instancia, sirve a los intereses del capital.
- La base material de la «niña buena»
Siguiendo la tesis de Engels (1884), la subordinación de la mujer es un imperativo económico surgido con la propiedad privada. En este esquema, la mujer fue reducida a una unidad de control patrimonial. Caperucita Roja no es un cuento inocente; es un manual de adoctrinamiento sobre el «deber de diligencia» femenino. La protagonista es definida por su obediencia y su rol de cuidadora —llevar la merienda—, estableciendo que su valor reside en su utilidad dentro de la estructura familiar.
Como advirtió Rosa Luxemburgo (1913) en su análisis sobre la acumulación del capital, el sistema requiere incorporar ámbitos externos para su subsistencia. En este caso, el sistema incorpora la infantilización de la mujer para asegurar que, desde la niñez, aprenda a temer al «lobo» (el espacio público y el deseo masculino) sin cuestionar la estructura que permite la existencia de ese depredador.
- El oportunismo biológico y la vigilancia de la psique
El sistema político instrumentaliza instintos primarios para despojar al feminismo de su esencia transformadora. La psicología analítica de Jung (1959) sugiere cómo los arquetipos son cooptados por la cultura. En el cuento, la advertencia materna de «no hablar con extraños» no es un consejo de seguridad, sino una restricción de autonomía. Se enseña a las niñas a ver el mundo como un lugar peligroso donde el lobo —la encarnación del patriarcado— siempre acecha.
Este «oportunismo biológico» se manifiesta cuando el sistema utiliza la causa feminista para crear una lealtad tribal irracional. Se infantiliza el discurso para que la mujer consuma un empoderamiento vacío, mientras sigue siendo esclava de una estructura que no cuestiona. Como señala la anatomía de la estupidez humana, hoy se prefiere un feminismo de consumo a una revolución de conciencia, convirtiendo la sororidad en una complicidad acrítica que evita el juicio racional (Engels, 1884).
- Del fetichismo del poder a la soberanía real
La verdadera emancipación requiere que la mujer deje de ser un «arma de intrusión» política —utilizada por intereses ajenos— para convertirse en sujeto de su propia historia. El feminismo de última generación debe reconocer, al igual que Luxemburgo (1913), que la liberación es imposible dentro de las estructuras de la propiedad privada y la acumulación.
La emancipación de la «Caperucita» moderna no ocurrirá esperando el rescate del leñador (una figura masculina externa), ni aceptando las rutas trazadas por el Estado. Ocurrirá mediante una Alfabetización Emocional Política que:
- Desmantele la vigilancia publicitaria que confunde empoderamiento con capacidad de compra.
- Reconozca que el depredador no es solo un monstruo externo, sino las estructuras de vigilancia que dictan el «éxito» femenino.
- Reclame el derecho a habitar el espacio público, no como víctimas sobreprotegidas, sino como sujetos autónomos.
Conclusión
La dialéctica de la emancipación nos obliga a entender que el cuento de Caperucita es un engranaje de la maquinaria que nos desea dóciles y consumistas. La verdadera liberación no vendrá de leyes que sobreprotegen infantilizando, ni de discursos que alimentan la misandria. Vendrá del reconocimiento de que la explotación femenina es una pieza clave de la propiedad privada y que nuestra soberanía real comienza cuando dejamos de ser sujetos pasivos de una narrativa ajena para convertirnos en agentes críticos de nuestra propia existencia material y psíquica.
En Tu Revista Perfiles, respetamos absolutamente la voz del autor.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

Referencias
- Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. (Edición de 2006). Akal.
- Jung, C. G. (1959). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Paidós.
- Luxemburgo, R. (1913). La acumulación del capital. (Edición de 1967). Grijalbo.
