CRITICIDAD, UN SILENCIOSO AVANCE
“El arte supremo del maestro
es despertar el placer de la
expresión creativa y el conocimiento”
Albert Einstein
Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y
Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra
Durante la primera década del presente siglo, Latinoamérica vivió una oleada de gobiernos calificados de izquierda. Ello, desde luego que no doblego a la oligarquía enquistada desde ya tiempo en el poder del estado e inmediatamente se dieron a la tarea de utilizar todos los recursos a su disposición logrando, en menos de diez años, capitalizar a su favor la recesión económica brasileña y la crisis económica y política venezolana.
Los grupos conservadores, sabiendo trastocados sus privilegios, se reagruparon con una nueva estrategia: fabricar casos de corrupción en los que estuvieran implicados los llamados “gobiernos socialistas” e infundir miedo entre la población haciendo creer que podrían pasar por una crisis como la Venezuela; esto último se convertiría en el eslogan “nos van a convertir en otra Venezuela”, muy repetido a nivel internacional por los grupos de derecha.
Si, repetir una mentira con suficiente frecuencia hasta convertirla en verdad ha estado dentro del repertorio de los pupilos de Goebbels. El adoctrinamiento, como mecanismo de control, les ha garantizado persuadir, imponer y controlar las decisiones de los grupos más influenciables. Y es aquí precisamente donde los gobiernos democráticos-populares han cometido uno de los errores más trascendentes al olvidarse de la organización y politización del pueblo.
Se perdieron en atender situaciones meramente coyunturales de carácter electoral, y olvidaron que el capitalismo adopta formas de sobrevivencia muy particulares. Dejaron de lado lo estructural y el costo político fue muy alto. Los enemigos del pueblo poco a poco recobraron el terreno perdido. Los gobiernos progresistas partieron de una conceptualización equivocada de la educación al separarla del proceso de politización, lo que permitió que la alineación y la opresión continuara reproduciéndose en el imaginario social.
Mientras esto ocurría en los países del sur, en México se daba un fenómeno distinto. Pasamos de un largo periodo oligárquico a un proceso de transformación, convirtiéndolo en un referente histórico. Y esto, no es perdonable desaprovecharlo. Aunque desde luego implica mucho trabajo de base. No basta con que Andrés Manuel haya ganado la presidencia, se requiere la participación de las masas.
Para que ello ocurra, es necesario crear una estrategia que permita politizar a los sujetos, pues tanto en la conciencia individual, como la colectiva pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del sujeto. Es imprescindible un cambio de paradigma en base a una diferenciación de necesidades reales y no ideales a fin. Es necesario generar un proceso de concienciación colectiva a la par de una formación política, en donde la inclusión sea la base para su construcción.
Esta construcción colectiva y, por tanto, dialéctica debe ser orientada hacia la descolonización cultural y de pensamiento. Coincidimos con Dussel y Mignolo, en el sentido de que es impostergable elaborar una posición crítica que medie entre la práctica política y la reflexión teórica como estrategia de “de-construcción”. Es necesario crear nuevos paradigmas teniendo como idea central que educar es politizar.
Al igual que entonces, la propuesta freiriana continua vigente, si no es que más. Pues las condiciones sociopolíticas apenas si van cambiando. Los cambios estructurales son lentos y nunca al azar. Sin embargo, las coyunturas nos ofreces los espacios ideales para darle una orientación precisa a praxis político-educativa y esto, desde luego que exige nuestra participación consciente, y activa; se requiere de nuestra participación social como resultado de nuestra decisión individual.
En este sentido, la pedagogía de lo concreto como praxis y ética no se limita al campo de acción áulico, sino que se compromete a eliminar las injusticias en todas sus formas, a través de prácticas horizontales mediadas por el diálogo; del ejercicio de la criticidad; de la problematización de este mundo; de la interconexión de los contenidos aprendidos y de la acción de compartir el mundo a través de una construcción y reconstrucción del conocimiento.
Actualmente, la educación formal es un derecho humano consagrado en la constitución y ello representa la oportunidad para ampliarlo a todos los ámbitos y movilizarnos contra la marginalidad social y contra la corrupción de quienes detentan el poder. En este sentido, apropiémonos de la Internet y transformemos nuestro interactuar en espacios potenciales para el diálogo, el cuestionamiento, la consulta y la reflexión crítica. Utilicémosle como un medio para la interacción social más allá de las fronteras. ¡La lucha debe internacionalizarse, debe estar presente en todos los espacios como praxis transformadora!
