abril 24, 2026

El discurso del PAN y la denostación política: el caso de Lilly Téllez

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ZARCOS

“En política todo necio es peligroso

mientras no demuestre con hechos su inocuidad”

Santiago Ramón y Cajal

Por Pedro Gonzales Castro y

Rutilo Tomas Rea Becerra

En el circo de la política mexicana, donde el arte de la esgrima verbal ha reemplazado al noble debate de ideas, el Partido Acción Nacional (PAN) ha encontrado en la senadora Lilly Téllez a su más aguda y ruidosa espadachina. Su método: la denostación, una técnica tan sutil como un martillazo en el dedo gordo. Y es que, como bien reza el sabio refrán popular, «En boca cerrada no entran moscas, pero de boca abierta salen sapos.» Y los «sapos» que salen de la boca de la senadora, ¡ah, esos sí que saltan briosos y despotricados!

La propaganda: el arte de tirar piedras con flores (invisibles)

Si Edward Bernays, el «padre de las relaciones públicas» (o, si lo prefieren, el titiritero de la opinión pública), levantara la cabeza, seguro que sonreiría con malicia al ver a Téllez en acción. Para él, la propaganda no es solo vender jabón, sino la «orquestación consciente e inteligente de hábitos y opiniones de las masas». La denostación de la senadora, con su elegancia de bulldozer, es precisamente eso: una forma de propaganda política. Al señalar la «corrupción,» la «ineptitud,» o el «autoritarismo» de la 4T, el discurso de Téllez no busca informar, ¡por favor!, sino persuadir a base de desacreditar, apelando a las entrañas más que al cerebro. Bernays lo tendría claro: estos «sapos» son los hilos invisibles con los que se manipula la opinión pública, aunque, eso sí, con una boca bastante ruidosa.

El poder: deslegitimar al enemigo con una sonrisa (o un ceño fruncido)

Y qué decir de Michel Foucault, quien entendió que el poder no es solo el garrote, sino que se ejerce a través de los discursos que construyen nuestras realidades. La denostación de Téllez es un ejercicio de poder digno de estudio. Sus «sapos» tienen la maravillosa habilidad de deslegitimar al adversario, pintándolos como una amenaza nacional de la que hay que protegerse. Al colgarles etiquetas negativas, se busca «normalizar» la idea de que son unos incompetentes o unos peligrosos, para que nadie, ni por asomo, les conceda un ápice de influencia. Es un «discurso crítico» que, en realidad, busca reorganizar el tablero político a golpe de «sapo», definiendo los límites de lo aceptable… ¡por si no lo teníamos claro!

La manufactura del consenso: el eco incesante de los «sapos»

En esta era digital donde los medios y las redes sociales son cajas de resonancia, la denostación encuentra su paraíso. Herman y Chomsky lo explicaron con maestría: el «manufactura del consenso» se logra filtrando la información. Y ¿qué mejor filtro que un buen «sapo» bien lanzado? La retórica confrontativa de Téllez, con su «valencia noticiosa» tan alta como el ego de un político, se reproduce y viraliza con una facilidad asombrosa, independientemente de su veracidad o matices. Así, los «sapos» penetran en el imaginario colectivo, creando un clima de opinión que, curiosamente, favorece al emisor y desfavorece al atacado. No, no es por la fuerza de los argumentos, ¡qué ingenuidad!, sino por la saturación y la repetición incesante del mensaje.

La psicología de las masas: el baile de los «sapos» y las emociones

Y para el broche de oro, la resonancia de estos «sapos» en el público nos remite a Gustave Le Bon y su estudio de la psicología de las masas. Él decía que las masas son impulsivas, irracionales y se contagian fácilmente de las emociones. Un discurso denostativo, simplista y categórico, que apela al miedo, a la indignación o al desprecio, ¡tiene un efecto brutal sobre la multitud! Lilly Téllez, con su oratoria enérgica y su don para el drama, es una maestra en esto. Al crear un «enemigo» claro y personificado, sus «sapos» consiguen lo impensable: cohesionar a la «multitud» en torno a una causa común, la oposición al denostado. No, aquí no hay espacio para el debate racional, sino para la movilización emocional.

En definitiva, el caso de Lilly Téllez y su generoso uso de la denostación dentro del PAN no es una simple crítica política. Es una estrategia tan multifacética como los colores de un camaleón, que, consciente o inconscientemente, opera bajo los principios de la propaganda, el poder, la manufactura del consenso y la psicología de las masas. Y sí, aunque estos «sapos» puedan generar visibilidad y movilizar a algunos, plantean serias dudas sobre la calidad de nuestro debate público y la polarización de nuestra sociedad. Así que, la próxima vez que veamos un «sapo» saltar en el circo político, recordemos que una «boca abierta» no siempre se cierra sin dejar una huella… y que las moscas, al final, siempre encuentran dónde posarse.

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