junio 22, 2026
Allende
  • A 52 años del golpe de Estado en Chile, su figura permanece como símbolo de resistencia y esperanza
    • El 11 de septiembre de 1973 marcó la historia de América Latina y del mundo

Tepic.– En la memoria de los pueblos latinoamericanos hay fechas que hieren y enseñan. El 11 de septiembre de 1973, el mundo fue testigo de cómo se abatía a fuego y traición la esperanza de un pueblo que había elegido el camino de la justicia social. Ese día, en La Moneda, Salvador Allende Gossens, presidente de Chile, enfrentó con serenidad y valentía el golpe militar que acabaría con su vida, pero no con su legado.

Su voz, transmitida por radio en medio del bombardeo, todavía estremece: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse”. Palabras que no son pasado, sino llama viva de dignidad, capaces de atravesar generaciones enteras.

Allende encarnó el sueño de un continente que quería abrir las grandes alamedas para todos, no sólo para unos cuantos. Su muerte no significó derrota, sino la certeza de que los ideales de justicia, igualdad y soberanía popular son más fuertes que los fusiles y las dictaduras.

Hoy, más de medio siglo después, América Latina lo recuerda no como mártir, sino como guía. Su ejemplo nos recuerda que la política no es un mercado de intereses, sino la lucha permanente por la vida digna, por los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los estudiantes y de los pueblos originarios.

El 11 de septiembre de Allende no es sólo la herida de Chile: es la memoria de todo un continente que aprendió, entre lágrimas y fuego, que la dignidad no se rinde.

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