Los seres humanos han invadido el hábitat de otras especies
La expansión de los asentamientos humanos ha reducido los espacios naturales de diversas especies.
Por Sergio Mejía Cano
✍️ Tu Revista Perfiles
Recientemente se ha incrementado la información respecto a que cada día ha aumentado la presencia de cocodrilos en playas del noroeste mexicano, específicamente en Puerto Vallarta, Jalisco, y también en algunas playas de Nayarit y hasta en el bello puerto de Mazatlán, Sinaloa; lo que ha generado algún tipo de psicosis tanto en población local como en turistas nacionales y extranjeros.
En las redes sociales, así como en portales de internet de medios de información a nivel local y nacional y, posiblemente, hasta internacional, se llegó a viralizar la noticia de un cocodrilo que atrapó y ahogó a un joven de 28 años de edad procedente de la Ciudad de México, en un punto denominado Marina Vallarta, en el pasado mes de junio del año en curso.
Esto encendió aún más las alarmas, porque ya desde antes se había informado sobre la presencia y otros incidentes con cocodrilos que afectaron a algunas personas en mayor o menor medida; pero el temor aumentó considerablemente entre las poblaciones locales en donde se detectó la presencia de este tipo de reptiles.
¿Quién invade a quién?
El problema es que, más recientemente, se ha informado que se han encontrado por lo menos 11 lagartos adultos muertos en playas de Puerto Vallarta, por lo que hay quienes afirman que esto se debe o se atribuye precisamente a la muerte de aquel joven de 28 años de edad y a que algunas personas tratan de remediar la presencia de los reptiles que, en realidad, lo único que buscan es estar en su ancestral hábitat.
Así que, en cuanto a hábitats se refiere, no nada más lo hacen los cocodrilos, sino también otras especies, como cuando se informa de que varios osos invaden colonias o fraccionamientos en la zona conurbada de la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
Sin embargo, no es que invadan, pues queda en evidencia quién invadió a quién. De acuerdo con lo que se ha documentado al respecto, las zonas que hoy ocupan asentamientos humanos anteriormente eran el hábitat de esos osos y otras especies que, de acuerdo con su genética, detectan que aquellos lugares hoy llenos de seres humanos antes eran lo suyo, lo designado por la Naturaleza.
Cuando Tepic era distinto
Todavía hasta finales de los años 70 del siglo pasado, cuando en la ciudad de Tepic aún no se expandía la mancha urbana tal y como luce hoy, en cuanto oscurecía y se encendían las lámparas del alumbrado público o los focos en algunas de las puertas de las casas de la periferia, estas luminarias comenzaban a llenarse de una gran cantidad de insectos pululando alrededor.
Y más en temporadas de lluvias, cuando entre esos insectos aparecían las temidas ízas —así conocidas y mencionadas por tepiqueñas y tepiqueños—, que eran unos animales parecidos a cucarachas enormes, de color negro y con un resistente caparazón que soportaba incluso las pisadas.
De ellas se decía que su picadura o mordedura pudría la carne, necrosándola como una especie de gangrena muy difícil de curar.
Los andenes de la estación del ferrocarril, al oriente del centro de la capital nayarita, se tapizaban con estos insectos: unos volando y otros en el piso. Lo mismo ocurría por la avenida Prolongación Allende, tanto en los carriles de circulación de vehículos como en las banquetas a ambos lados de esta calle.
En aquel tiempo, las inmediaciones de dicha estación ferroviaria eran prácticamente las afueras de la ciudad, pues todavía no existía la colonia Tierra y Libertad y el río Mololoa estaba más cercano a la estación.
Hoy en día ya no se ven esas andanadas de insectos ni siquiera en tiempos de lluvias. Al parecer, les huyen a los asentamientos humanos, tal vez porque no quieren tener ninguna relación con los seres humanos por lo dañina que es esta especie humana.
Los animales no buscan al ser humano
Hace años, en una conferencia en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, oí decir a un expositor que las demás especies le huyen al humano y que no lo atacan a menos que sea por defenderse, pero jamás por gusto como lo hacen algunos humanos con otras especies.
Dijo este expositor que, si algún felino detecta la presencia de algún humano cerca de él, de inmediato se aleja en sentido contrario; lo mismo hacen otras especies como tejones, mapaches, zarigüeyas e incluso reptiles y, desde luego, las aves grandes y pequeñas.
Añadió que es obvio que, por hambre, algún animal de uña sí se podría abalanzar sobre un ser humano, pero sería muy raro, porque los humanos no forman parte cotidiana de su menú.
Este expositor abundó diciendo que las demás especies algo intuyen en la humanidad, pues por algo, por donde pasa el humano, la yerba ya no crece.
Sea pues. Vale.
🧭 LECTURA POLÍTICA
La reflexión de Sergio Mejía Cano va más allá de los cocodrilos o los osos: obliga a preguntarnos qué entendemos realmente por “invasión” cuando el crecimiento de las ciudades desplaza los espacios naturales. El conflicto aparece cuando la expansión humana termina encontrándose con especies que simplemente permanecieron en los territorios que alguna vez fueron su hogar.
🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

