agosto 16, 2026
SARGAZO

Por Sergio Mejía Cano ✍️

>> Entre la ironía y la memoria, el autor reflexiona sobre el problema del sargazo y recuerda viejas creencias populares que marcaron a toda una generación.

Ahora, con la aparición del sargazo que invade varias playas del Caribe, incluido el mexicano, problema que desde hace algunos años comenzó a llegar en grandes cantidades, bloqueando en cierta forma la diversión de chapotear en el agua para la mayoría de los turistas, tanto nacionales como extranjeros, en comunicación con un camarada de la adolescencia recordamos una anécdota de la escuela secundaria donde recibíamos clases.

Una pregunta inesperada en la secundaria

Resulta que un compañero de curso, durante uno de los tradicionales viernes sociales que organizaba la profesora de Español de segundo grado, le preguntó de pronto qué haría el gobierno si todas las plantas, arbustos, matas, en fin, todo vegetal que brotara del suelo tuviera el mismo alcaloide de la mariguana y, por lo mismo, pudiera fumarse o consumirse de cualquier manera, tal y como lo hacían muchas abuelas que agregaban alcohol a la mota y la utilizaban para fricciones, sobaduras de todo tipo e, incluso, para preparar té.

La profesora permaneció unos momentos pensativa y únicamente respondió:

—Pues, tal vez torcerse también, como lo hacen los aficionados al zacatito vacilador.

¿Y si el sargazo se pudiera fumar?

Así que me pregunta mi camarada desde la adolescencia:

—¿Te imaginas que el sargazo se pudiera fumar por tener algún alcaloide parecido al de la mota?

Y él mismo se respondió:

—Te aseguro que el sargazo desaparecería como por arte de magia, de la noche a la mañana, por más que llegara a las costas del Caribe. Incluso se organizarían viajes especiales hasta el punto del océano Atlántico conocido como el Mar de los Sargazos para hacerlo desaparecer también.

Del problema ambiental a un posible aprovechamiento

Afortunadamente, ahora se ha informado que el sargazo podría tener diversas utilidades en la industria, tanto el que ya se encuentra en las playas como el que se recolecte en mar abierto.

De acuerdo con lo expresado por la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, el sargazo que llega a las playas se contamina y puede resultar tóxico; sin embargo, también podría utilizarse para la elaboración de diversos materiales de utilidad. En cambio, el que sea recolectado en mar abierto podría aprovecharse de otras maneras, dependiendo de los estudios científicos que se realicen.

La lechuga orejona y las historias de antaño

Comentaban mis ancestros, así como la mayoría de sus contemporáneos, que todos los días 24 de junio, el mero día de San Juan, numerosas familias tapatías acostumbraban acudir al parque Agua Azul, al sur del centro de Guadalajara, Jalisco, donde se dice nacía el antiguo río San Juan de Dios, convertido hoy en el colector de aguas negras que corre bajo la Calzada Independencia, dividiendo la ciudad tanto física como socialmente.

Ese día se vendían lechugas orejonas que la gente degustaba mientras recorría el parque, que incluso contaba con una laguna. Mientras paseaban en lancha o caminaban por su ribera, iban saboreando aquellas enormes lechugas. Esa costumbre perduró hasta mediados de la década de los sesenta.

Los rumores alrededor de la lechuga orejona

Inesperadamente, a principios de los años setenta, la lechuga orejona desapareció de los mercados y fue sustituida por la lechuga romanita.

Al preguntarse la gente por qué había desaparecido, comenzó a correr el rumor de que se había prohibido su venta, dizque por ser prima hermana del cannabis, pues se decía que contenía el mismo alcaloide que producía efectos alucinantes y que, consumida en exceso, podía resultar nociva para el organismo.

Hubo personas que aseguraban comprender entonces por qué algunos ponían a secar al sol varias hojas de lechuga orejona para después picarlas y fumarlas, del mismo modo que ocurría con las cáscaras de plátano, de las que también se decía que producían un efecto similar al de la motita.

Una tradición que aún sobrevive

Un comerciante de verduras y legumbres comenta que la lechuga orejona sigue existiendo, aunque únicamente se consigue bajo pedido. Explica que ya no son aquellas enormes piezas de otros tiempos, sino ejemplares más pequeños, parecidos a la lechuga italiana de puntas moradas, cultivados en invernaderos y distribuidos únicamente sobre solicitud.

Así también mucha gente llegó a comprender por qué, cuando una madre de familia se quejaba de que su bebé no podía conciliar el sueño, nunca faltaba quien le recomendara bañarlo con hojas de lechuga para ayudarlo a dormir. Y sí, al bañar a los bebés en una tina con agua y hojas de lechuga orejona, llegaban a conciliar un sueño profundo y tranquilo, por ese alcaloide similar al del cannabis.

Sea pues. Vale.

🧭 LECTURA POLÍTICA

La columna parte de un problema ambiental de actualidad, como la proliferación del sargazo en el Caribe, para desarrollar una reflexión cargada de ironía y nostalgia. Sergio Mejía Cano enlaza recuerdos escolares, creencias populares y anécdotas de otras épocas para mostrar cómo el ingenio popular suele encontrar explicaciones —o soluciones imaginarias— a fenómenos que preocupan a la sociedad.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

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