julio 9, 2026

El discurso político en América Latina: Arquitecturas lingüísticas, afectivas, digitales y multimodales en la producción del sentido común

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ENSAYO-DISCURSO1

“Combina emoción

con una idea concreta”.

Discurso 360

Por Pedro Gonzáles Castro y Rutilo Tomás Rea Becerra

Introducción

El discurso político moldea e impone realidad mediante marcos cognitivos y respuestas neurofisiológicas profundas, orientadas a legitimar poder (ACD; Damasio, 2018; Panksepp, 2012; Porges, 2011). En América Latina, marcada por colonialismos y crisis, el discurso organiza presente, reescribe pasado y condiciona futuro (Galeano, 1971; Grosfoguel, 2011, 2016). Su análisis exige multimodalidad, neurobiología afectiva, comunicación digital y teoría decolonial (Kress & van Leeuwen, 2001; Rivera Cusicanqui, 2018). Este ensayo aborda binomios, secuestro cognitivo, nominalización y ecología digital.

Binomios de oposición y afectividad política en América Latina

La polarización política actual se sostiene en “binomios de oposición” que dividen el campo social entre un nosotros virtuoso y un ellos amenazante, visibles en América Latina: “el pueblo bueno” vs. “la mafia del poder”, “los patriotas” vs. “los comunistas”, “la gente de bien” vs. “los planeros”, o “los ciudadanos” vs. “los terroristas”. Según Van Dijk (2024), estos binomios responden al “cuadrado ideológico”. Laclau (2005) explica que crean una “frontera antagónica”. Wodak (2015) denomina este fenómeno “política del miedo”, que en contextos de crisis inhibe la deliberación racional y refuerza identidades defensivas.

Secuestro multimodal, neurobiología afectiva y performatividad política

El discurso político contemporáneo opera como un dispositivo multimodal. Imágenes, gestos, escenografías, música, silencios, vestimenta, memes y transmisiones en vivo configuran entornos simbólicos que evaden el filtro racional del ciudadano (Kress & van Leeuwen, 2001). En América Latina, esta performatividad se expresa en la teatralización de la austeridad, el uso de símbolos religiosos, la escenificación de la cercanía con el pueblo y la viralización de gestos icónicos. Las metáforas conceptuales —“guerra contra el narco”, “invasión migrante”, “cáncer de la corrupción”— funcionan como esquemas cognitivos que estructuran la percepción corporal y emocional del receptor (Hart, 2024).

Neurobiología del discurso político

Las narrativas afectivas se sostienen en circuitos cerebrales primitivos. Panksepp (2012) muestra que los sistemas subcorticales reaccionan automáticamente ante amenaza y pertenencia. Damasio (2018) explica que los sentimientos y la homeostasis organizan la cultura. Porges (2011), desde la teoría polivagal, describe cómo la neurocepción evalúa señales de seguridad o peligro. Cuando el discurso político emplea metáforas de guerra, crisis o invasión, activa estados defensivos de lucha, huida o congelamiento, reduciendo pensamiento crítico y aumentando la vulnerabilidad a liderazgos autoritarios. Reguillo (2017) denomina este escenario “horizontes fragmentados”, donde la comunicación comunitaria se fractura.

Nominalización, hegemonía y extractivismo historiográfico

Una estrategia sutil del poder es la nominalización, que transforma acciones en sustantivos abstractos para borrar la agencia. Así, “La policía reprimió a los manifestantes” se diluye en “hubo incidentes”. En América Latina, este recurso oculta responsabilidades estatales en dictaduras, violencias policiales, despojos y desapariciones. Gramsci (1971) explica que la hegemonía opera cuando las clases subordinadas internalizan la visión dominante. Foucault (1972) denomina esto “regímenes de verdad”. Galeano (1971) mostró su función colonial. Grosfoguel (2011, 2016) habla de “extractivismo epistémico”, mientras Rivera Cusicanqui (2018) propone lo ch’ixi como alternativa descolonizadora.

Ecología digital, algoritmos y modulación del miedo

La dimensión digital es hoy el principal campo de batalla del discurso político. Las plataformas amplifican, jerarquizan y personalizan mensajes mediante algoritmos que privilegian contenidos emocionalmente intensos. En América Latina, esto incluye microsegmentación afectiva, bots, desinformación y deepfakes. Zuboff (2019) denomina este fenómeno “capitalismo de vigilancia”, donde los datos permiten predecir y modificar conductas. En política, ello produce modulación algorítmica del miedo. La multimodalidad digital —memes, videos cortos, transmisiones en vivo— intensifica respuestas neurofisiológicas, reduce deliberación racional y consolida un ecosistema que favorece polarización y desregulación emocional colectiva.

Conclusión

El análisis del discurso político en América Latina demuestra que las estructuras lingüísticas, cognitivas, multimodales y digitales no son meros vehículos del pensamiento, sino el terreno donde se libra la batalla por el control social, epistémico y fisiológico. Los binomios de oposición encapsulan la alteridad para cohesionar masas bajo el signo del miedo; las metáforas conceptuales y los estímulos multimodales colonizan el inconsciente neurobiológico; los algoritmos amplifican la desregulación emocional; y la nominalización difumina responsabilidades históricas, consolidando un extractivismo epistémico que fagocita la memoria colectiva.

Desarmar estos mecanismos exige un enfoque interdisciplinario que articule el ACD, la neurobiología afectiva, la comunicación digital y la teoría decolonial. No se trata solo de un ejercicio académico, sino de un acto de resistencia epistemológica indispensable para devolver a las comunidades su capacidad de agencia y reescribir una historia verdaderamente colectiva, horizontal, ch’ixi y emancipadora.

En Tu Revista Perfiles respetamos absolutamente la voz del autor.

🎙️ COMENTARIO EDITORIAL

Referencias

Bonnet, G. (2026). Narratives in political discourse: Towards a critical and multimodal approach. Routledge.

Damasio, A. (2018). The strange order of things: Life, feeling, and the making of cultures. Pantheon.

Foucault, M. (1972). An archaeology of knowledge. Tavistock Publications.

Galeano, E. (1971). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI.

González Casanova, P. (2004). Las nuevas ciencias y las humanidades: De la academia a la política. Anthropos.

Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks (Q. Hoare & G. Nowell-Smith, Eds. y Trans.). International Publishers.

Grosfoguel, R. (2011). Decolonizing post-colonial studies and paradigms of political-economy: Transmodernity, decolonial thinking, and global coloniality. Transmodernity, 1(1), 1–38.

Grosfoguel, R. (2016). Del “extractivismo económico” al “extractivismo epistémico” y al “extractivismo ontológico”: Una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo. Tabula Rasa, 24, 123–143.

Hart, C. (2024). Perspectives and ideology in socio-political discourse. Lancaster University.

Kress, G., & van Leeuwen, T. (2001). Multimodal discourse: The modes and media of contemporary communication. Arnold.

Laclau, E. (2005). La razón populista. Fondo de Cultura Económica.

Martín-Barbero, J. (2002). Oficio de cartógrafo. Fondo de Cultura Económica.

Panksepp, J. (2012). The archaeology of mind: Neuroevolutionary origins of human emotions. Norton.

Porges, S. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. Norton.

Reguillo, R. (2017). Horizontes fragmentados: Comunicación, cultura y crisis. ITESO.

Rivera Cusicanqui, S. (2018). Un mundo ch’ixi es posible. Tinta Limón.

Van Dijk, T. A. (2024). Discourse and ideologies of the radical right. Routledge.

Wodak, R. (2015). The politics of fear: What right-wing populist discourses mean. Sage.

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